Lavagna: "No hago todo esto para volverme a mi casa"
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-¿Pero aceptaría o no? -volvió a la carga Iglesias.
-Lo voy a evaluar, voy a manejar mis tiempos -se escurrió una vez más y se prendió de las barbas de Kirchner-. No dejan pasar una, reaccionan contra todos los que no están con ellos. Miren lo que pasó con Polino. Es una costumbre que han tomado en el gobierno.
El expediente Polino forzó un apartado en la charla porque Lavagna lo usó, en sintonía con la visión de los visitantes, diciendo que ese episodio reflejó, como pocos, cómo funciona la ira oficial. «Primero lo llamany después, cuando no acepta, le dicen cualquier cosa», coincidieron.
En ese zigzagueo, los radicales olieron la sangre, volvieron a bucear en la duda y se llevaron una media respuesta que, en criollo, es un sí sin la «s» ni la «i». «No hago todo esto para volverme a mi casa», copiaron en su memoria los avanzados del radicalismo.
Es el argumento que también abrazan en la Casa Rosada para identificar al ex ministro como un seguro rival en 2007. Y, aunque no se escuchó en el Sheraton, la estrofa no pronunciada debería decir lo siguiente: «No hago todo esto para después ser un candidato del gobierno».
En ese clima transitó la primera cumbre formal entre Lavagna, los peronistas de El General y cinco delegados del Comité Nacional de la UCR, cita que no se fotografió, pero que quizá dentro de un año sea citada como la jornada en que se armó la transversalidad anti-K.
Y Lavagna, que sabe por dónde circulan las urgencias y necesidades del radicalismo -fue ministro de dos presidentes de la UCR-, pronunció las palabras mágicas. «Entiendo sus tiempos y los respeto. Pero en un hipotético caso, me gustaría tener el respaldo institucional del partido.»
Es lo que esperaban Iglesias y sus escoltas, entre quienes más de uno manifestó públicamente su preferencia por el ex ministro como candidato. Incluso, apresurado, el mendocino planteó que al antiguo titular del Palacio de Hacienda le falta una estructura y que ésa podría ser la UCR.
Parten, ambos sectores, de una percepción común: que la elección presidencial no será en octubre, como indica el decreto que el año pasado difundió Aníbal Fernández.
Lavagna opera sobre la teoría de que la votación será en la primera mitad del año próximo, a pesar de que desde el gobierno -antes de que le cierren los teléfonos- le dijeron que esa opción se había descartado.
Quizá desde entonces, entreviendo conspiraciones, «el Pálido» -como le dicen sus amigos- ya se imaginaba como opositor.
Sobre esa hipótesis, el cuarteto de El General funcionará como enlace con el trío radical de Diputados que conforman Iglesias, Chironi y Rozas, que sondearon la lealtad de Lavagna cuando le pidieron detalles sobre su charla con Raúl Alfonsín. El ex ministro repitió, textual, lo que días atrás les había contado el ex presidente.
Nadie preguntó, en cambio, sobre el capítulo Terragno y la versión, desmentida ferozmente por Lavagna, de que el porteño podría ser su vice. Curiosamente, es lo único que ha desmentido el ex ministro, que desde que se lanzó consiente -y aun alienta- todas las leyendas que circulan sobre él.



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