Interesaba el desayuno, en una universidad privada (UCES), al que fue invitado como orador principal Horacio Rodríguez Larreta, mano derecha de Mauricio Macri y posible candidato a jefe de Gobierno en la Capital si el titular de Boca Juniors insiste con postularse a la Presidencia (tema sobre el que muchos dudan y, por lo tanto, haría naufragar la pretensión de Rodríguez Larreta: este tema, sin embargo, no se tocó en la reunión). Más que alocución del jerarca del PRO, valía el diálogo que se registró al finalizar, ya que entre los oyentes -e inquisidores- estuvieron: Julio Werthein, José María Dagnino Pastore, Horacio Liendo, Alvaro Alsogaray (h), Jorge Hugo Herrera Vegas, Carlos Campolongo, Oscar Jiménez Peña, Gastón O'Donnell, Silvio Maresca, Lito Musikansky, Osvaldo Papaleo, Diego Guelar, Carlos Brown, Humberto Toledo y Mariano Caucino.
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Señaló con proposición matemática Rodríguez Larreta: «En marzo, era imposible ganarle a Kirchner; hoy es dificilísimo, dentro de 6 meses es difícil y, en octubre de 2007, será posible. Frente a esto, sin embargo, tenemos un dilema: unos nos dicen que hay que sumarse a otros para llegar al 30% de los votos, también están los que aseguran que se debe ir separado para restarle a Kirchner de a pedacitos y bajarlo del 40%».
Se distinguió de Elisa Carrió, pues «no queremos una denuncia permanente ni tenemos su calidad para decir, como ella, que Julio De Vido es un cajero; lo nuestro, es gestionar, queremos hacerlo ya». Fue lo más importante, ya que después entraron las preguntas. Toledo, por ejemplo, le reprochó la forma de hacer política del partido de Macri: «La política no es una oficina, una laptop y un mail, ni sólo gestión. También es pasión, amor, utopía, esperanza y hasta traición».
Apenas contestó que en su partido estaban llenos de peronistas -se supone que, como Toledo, todos tienen esas condiciones, aunque sólo se les reconoce la de la traición-, «y podría haber muchos más pero ocurre que aquellos que están en intendencias o gobernaciones no pueden expresarse para no disgustarse con el gobierno».
Blindaje
Para no perder oportunidad, Guelar -hoy el canciller de Macri- sostuvo que Kirchner terminó de destruir al peronismo que ya venía golpeado por el Congreso de Lanús, aquel que por fraccionarlo a Carlos Menem, fue a las elecciones con tres candidaturas distintas. Y señaló: «Como dice Carlos Corach, el peronista que no está en el gobierno es porque Kirchner no lo deja y, como afirma Moisés Ikonicoff para refrendar a Corach, «el gobierno dispone de un vidrio blindado a prueba de Eduardos Amadeos que se cansan de chocarse con la garrocha». Por lo tanto, a su juicio, «no se puede ser peronista y estar fuera del gobierno».
Discrepó, claro, un atento Osvaldo Papaleo: «En verdad, el sistema se ordena pronto y la ambulancia de Roberto Lavagna va a recoger todos los que hiere o desprecia Kirchner». Le reprochó al PRO subestimar a peronistas y ser una escuela que vende cursos para llegar a la Cámara de Diputados que, luego, se roban la banca para pasarse al oficialismo.
Porque todos hablan de Borocotó, pero no hay que olvidarse de Jorge Argüello o Paola Spatola.
Brown, por su parte, dijo que era coordinador del grupo El General, y propuso « sumarnos todos», mientras Rodríguez Larreta reconocía una falla -Lavagna tiene mejores operadores que nosotros-, pero sostuvo que sólo Kirchner y Macri son conocidos por el ciento por ciento de la gente. Virtud política que pocos reconocen.
Fue un momento gracioso cuando alguien dijo que lo de Macri es bueno porque es ingeniero y el país ya tuvo a Agustín P. Justo y al ex canciller Guido Di Tella. Desde el fondo, la turba peronista gritaba: Sí, pero también tuvo a Alvaro Alsogaray y a su hija, ingenieros ambos. El hijo y hermano de los imputados, en primera fila, ni movió el rostro. Después entraron en discusiones sobre el impacto de la economía en las futuras elecciones -Campolongo dijo que si había que esperar a que se registraran malos índices para hacer política, estaban todos muertos- y la facilidad con que Lavagna los había sacado del mapa a Macri, a Carrió y a Sobisch, con apenas tres reportajes. Explicaciones y réplicas, final reflexivo sobre Lavagna: con poco, hizo lo mismo que Eduardo Angeloz en 1989, cuando le robó el discurso a Alsogaray y dejó a la UCeDé con sólo 6%.
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