Lo que se dijo en Congreso
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Amplían denuncia contra Adorni y apuntan a gastos millonarios en Bariloche
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Adorni, sobre los viajes: "Si tengo que dar más explicaciones en la Justicia, lo haré"
Lidia Satragno
El escritor José Hernández puso en boca de Martín Fierro, un simple gaucho que tiene que ver con la esencia de la argentinidad, unas expresiones que realmente constituyen la única forma en que los argentinos podemos resolver el problema de nuestros ancianos. Lo dijo del siguiente modo: «La cigüeña cuando es vieja/pierde la vista, y procuran cuidarla en su edad madura todas sus hijas pequeñas. Apriendan de la cigüeña/ este ejemplo de ternura».
MARIA AMERICA GONZALEZ (ARI disidentes, Cap. Fed.): Hoy estamos en un día muy importante para la previsión social, porque los muchachitos que antes llamábamos «Chicago boys» hoy se han convertido en los «Cavallo boys». Deben estar muy contentos, porque gracias al proyecto enviado por el licenciado Boudou -licenciado en la Universidad del CEMA- y por el miembro de la UCeDé Sergio Massa -devenido hoy en jefe de Gabinete de Ministros, hasta hace poco tiempo director de la ANSeS-, hoy nosotros no podemos dar a nuestros mayores lo que la señora presidenta está anunciando por televisión. También debo decir que me llamó mi mamá y me dijo: «Mary, sabés qué suerte: la presidenta está anunciando que el aumento de los jubilados se guiará por el aumento de los salarios; lo está diciendo la presidenta de los argentinos». Le contesto: «Ojalá, mamá; ojalá que alguien con capacidad le haya explicado a la señora presidenta que esta noche se está estafando a los jubilados y pensionados de la República Argentina». Ayer dejaron pasar a nuestros mayores de a diez, porque son muy « peligrosos», ya que están escuchando y pueden ver cómo vota cada uno. Entonces, les agradezco a todos haber logrado un dictamen de excelencia. No importa que seamos minoría, porque tenemos a los jubilados y pensionados de nuestra parte. Como decía mi abuela Francisca: cuando no se dice toda la verdad, se miente. Ni el presidente de la Comisión de Previsión y Seguridad Social ni el de la Comisión de Presupuesto y Hacienda dijeron toda la verdad. Pareciera que la discusión se diera entre el RIPTE, que es el salario de los aportantes, y el salario del INDEC. ¡Viva Moreno! ¡Una más para Moreno! Además, que venga Chávez en lugar de Boudou, así obtendría 15 por ciento por las letras de Tesorería, en lugar de 8 por ciento, como les dieron a los jubilados de Boudou o como sucedió con los 800 millones de AySA a diez años. Que Chávez venga y reemplace a Boudou, y que en el INDEC lo reemplacen a Moreno. O, en todo caso, que siga Moreno con la inflación, porque así estamos todos asegurados. Este no es el quid de la cuestión. Tanto la CGT como la CTA cambiaron. Hugo Moyano y Hugo Yasky, los dos Hugos, se pusieron de acuerdo: piden el RIPTE, pero no como lo incluyen en la fórmula.
CLAUDIA GIL LOZANO (ARI, Cap. Fed.): Señor presidente: ya que estamos todos tan memoriosos, quiero empezar haciendo memoria. Sin ánimo de insultar a nadie, y mucho menos a los funcionarios, quiero señalar que esta gestión realmente se tiene que hacer cargo de que cuenta con funcionarios que se suben a camionetas y atropellan gente y que autorizan las balas dumdum cuando tenemos convenios internacionales firmados que no permiten su uso, ni siquiera en la guerra. Tuvimos funcionarios que tenían plata en los baños y no la pudieron justificar, y también tenemos funcionarios que están tratando de manejar la inflación a trompadas en la Argentina. No tenemos ganas de insultar a nadie sino que simplemente queremos recordar esto, teniendo en cuenta que todos estamos tan memoriosos. Ya que aquí hicimos una ley de trata con la que todo el mundo quedó tan contento, quiero recordar que en la Argentina ya no hay 500 mujeres que son víctimas de trata en todo el país: hay 700. Así que vamos por más. Sigan participando. ¡Bravo por los tratantes!
PERON Y LOS PERONISTAS
(La diputada macrista Lidia Satragno «Pinky», como animadora de televisión que ha sido durante años apeló a un clásico del debate político: imaginar qué hubiera dicho Juan Perón de este gobierno peronista. Despertó a varios oficialistas, que buscaron ser más memoriosos que la Satragno.)
SATRAGNO ( macrista, Cap. Fed.): Yo no voy a hablar del tema específico solamente; voy a hablar de Perón. ¿Por qué? Porque nunca puedo preparar un discurso, porque normalmente las palabras que vienen a mi boca están inspiradas por lo que acontece a mi alrededor, y hoy hemos hablado -indudablemente estataríahablando de conquistas sociales en este momento- de trenes. Lástima que no se aceptó lo que pidió el señor diputado Morán; hubiera sido muy interesante que tocáramos en profundidad ese tema. Y cuando uno habla del secretario Jaime rebota en Aerolíneas Argentinas. Y yo pienso en todo esto y me acuerdo de Perón. Y cuando me acuerdo de Perón me acuerdo de mi viejo, que era uno de los fundadores del partido peronista en el partido de La Matanza y que disentía absolutamente conmigo, cosa que lo enervaba porque era « radicheta». En aquellas épocas no se aceptaba que un hijo, y menos una hija -mujer- no tuviera el mismo pensamiento que su padre. Encima, yo era de San Lorenzo y él de Racing. Lo cierto es: ¿por qué disentíamos? Porque mi padre defendía la justicia social y yo defendía la democracia. Han tenido que pasar tantísimos años para que me diera cuenta de que no hay democracia sin justicia social y de que no hay justicia social sin democracia.
Entonces, cuando Perón me invitó a ir a su casa, cuando todavía vivía en la avenida Arce 11, segundo piso -aclaro que en el piso de arriba vivía Ava Gardner, y debo reconocer que acá no me escucha casi nadie- yo fui con toda esa «cosa». El viejo me echó de la casa cuando era una adolescente, porque no era peronista, o sea que algunos conflictos con Juan Domingo Perón arrastraba. Toco el timbre y suena la voz de Plaza de Mayo preguntando: «¿Quién es?». Casi me caigo sentada porque las rodillas se me hicieron de jabón. Después tuvimos una larguísima charla -yo no estaba sola, había otros invitadosque fue muy interesante.
Yo le pregunté cómo había hecho para llegar a ser presidente. El me dijo que allá por el 40 el Ejército lo mandó a Italia, y agregó: «¿Para qué me va a mandar el Ejército a Italia? ¿Para aprender la dureza de la bala? Esa ya la conocía.
Entonces, me dediqué a estudiar unos movimientos muy interesantes que había: los gremialistas, los movimientos sociales. Cuando volví, tomamos el poder y todo el mundo se empecinaba en ponerme de ministro». Y él decía: «No, no. A mí me gustaría hacer algo con los trabajadores».
Le decían: «Che, Juan: olvidate. Vos sos ministro de Defensa. Así, hasta que un día se hartaron y me dieron la Secrede Trabajo y Previsión, y ahí empezó todo».
Entonces, empezó a hablar del orgullo que él sentía por las conquistas sociales. Aun desde la bronca que yo le tenía en ese momento, porque mi papá no me quería debido a que yo no era peronista, debo reconocer que tenía razón, y dentro de dichas conquistas estaban -por supuesto- la jubilación, el aguinaldo y el preaviso.
¿Saben que el preaviso tiene cargas sociales? O sea, a uno lo echan, se va con el corazón en la boca porque no sabe qué es lo que va a pasar ni cuánto tiempo va a poder subsistir, y le hacen los descuentos. Eso con respecto al sindicalismo.
Después me contó con mucho orgullo que nos habíamos quedado con los trenes. Yo acabo de presentar un proyecto de resolución para que se nos informe acerca de una denuncia que recibí de Los Toldos, ciudad que además tiene rebotes muy emotivos.
Antes la gente iba todos los días desde la Capital Federal a Los Toldos en cinco horas. Ahora va una vez por semana y el tren tarda siete horas y media. El otro día tardó doce, bamboleándose por la vía, con todos los pasajeros con el corazón en la boca porque no sabían si iban a llegar a su casa. Esos eran los trenes que a él lo enorgullecían tanto.
Yo no sé qué pensaría hoy Perón -no me quiero atrever a ponerme en su cabeza- si supiera que la gente viaja colgada, muriendo en las vías, en las estaciones o arriba de los techos mientras pensamos en trenes bala.
Pero después queda el otro tema, el de los aviones, que también me lo contó. Me dijo: «Cuando yo terminé de armar la flota mercante del Estado...» -todo el mundo quiere aviones, el mundo de PRO, ¿no?, y no lo digo porque seamos nosotros-«compré unos DC6 y DC7. Los muchachos me dijeron: hay un capitán ingeniero que es tan entusiasta».
Y agregó: «Yo le voy a explicar, Pinky...», porque él tenía la costumbre de nombrarlo a uno para darle identidad, cosa que por más que uno tuviera algunas cuentas pendientes no podía menos que sentirse agradado. «Para ser soldado hay que tener 20 años», dijo. Era cierto porque existía la conscripción. Para ser subteniente hay que saber obedecer y espemosrar, y lo mismo para ser teniente, mayor, capitán, coronel, teniente coronel, general y teniente general. El llegó hasta capitán, dijo.
Después yo les dije a los muchachos: «Tenemos que agarrar de la camada civil dos o tres de los mejores, con mejores calificaciones, total ¿para ser ingeniero en el ejército qué hace falta? Saber la dureza de la bala. Eso se aprende enseguida. Ellos decían que no, que tenían que tener su propia facultad y ser ingenieros militares. De ahí es ingeniero, aprendió la dureza de la bala. Pero que era entusiasta era entusiasta, y se presentó en mi despacho.
Me dijo: «Yo voy a transformar esta compañía aérea. Usted no sabe...». Después me dijo: «Usted sabe, Pinky, que las compañías aéreas dan pérdida en todo el mundo». En ese momento era así. Le dije: «Sí, lo sé». Y se había hecho un cálculo. Yo no me acuerdo cuál era la cifra exacta, pero voy a usar 100 millones para que sea una cifra redonda.
«Se había hecho un cálculo de que en el primer año la compañía iba a perder 100 millones. Y el entusiasta me dijo: 'Yo voy a ganar'. Yo le dije: 'Mire, si pierde 100 millones, está bien, si pierde menos de 100 millones, lo felicito; si gana, lo hago conde, ahora, si pierde 101 millones, lo echo'. Al año, cuando perdió 150, le tuve que decir: ' Capitán, ingeniero Alsogaray, mándese a mudar'.»
¿Qué haría don Juan Domingo con Jaime, que mete la pata cada dos por tres? Y si no, quizá iría un poco más arriba, pero no creo que a Perón le gustara alguien que se equivoca tanto y tanto. Como tampoco creo que le gustaría Moreno.
¿Estaría Perón contento con este galimatías para llegar a saber cuál es la cifra que les va a tocar a los diputados...?
NORA CESAR (PJ, Buenos Aires): Desgraciadamente nuestro gran líder, Juan Domingo Perón, fue nombrado por otra diputada que contó una historia, y a esa diputada le tengo que recordar que, afortunadamente para todos los que somos peronistas, un gran peronista en la provincia de Buenos Aires, Alberto Balestrini, le ganó la municipalidad, gracias a Dios. Quiero terminar reivindicando a este gobierno que ha tomado tantas medidas, como la libre opción, el reconocimiento a los ex combatientes, el suplemento docente, el suplemento para los investigadores, los aumentos, una cantidad enorme de medidas. Este gobierno peronista es el único que en treinta años pudo dictar un digesto como éste que tengo sobre mi banca, que se titula «Asistencia y previsión social» y está lleno de medidas positivas, no como quienes hoy dicen defender a los jubilados y tienen -como acabo de leer- un digesto de medidas negativas para el sector pasivo. (Aplausos.)
L.S.: Pido la palabra para hacer una aclaración en virtud de que he sido aludida. No sé qué tiene que ver que yo haya sido invitada por Perón a su casa en avenida Arce 11, 2° piso, en la ciudad de Madrid, y haya compartido con él una conversación de más de cuatro horas, con que Balestrini me haya arrebatado la intendencia de La Matanza.




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