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Ayer, Macri -de anfitrión- y López Murphy despejaron la duda suprema: se juraron que existe voluntad de pactar, paso previo a desvanecer sus posturas irreconciliables, que, de continuar, los obligarían a dejar de mirarse como potenciales aliados para torearse como enemigos cerriles.
Coincidieron en un punto: Buena parte de la supervivencia de ese pacto debe atribuirse a dos figuras:
Por ese motivo, el mismo viernes, hubo un llamado desesperado del presidente de Boca al economista que éste no atendió con la excusa de que se le iba el avión hacia EE.UU., de donde regresó ayer por la mañana, unas pocas horas antes de visitar a
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