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13 de julio 2004 - 00:00

Los Bielsa, bien de familia

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Rafael Bielsa

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• Dos sinecuras codiciadas, como México y Venezuela, ya parecen tener dueños. De Santiago del Estero en vuelo directo a la tierra de Fox viajaría Eduardo Sguiglia, cuyos servicios al país en los últimos tiempos deben ser parecidos a los que brindó a la literatura universal con una novela. Bielsa quien de «cubanito» pasó a «vasquito» por la defensa que hace del etarra en el pleito con España y porque va a almorzar a lo de «Fermín»- aprovecha a desprenderse de alguien que lo incomoda y, en alguna medida, el cambio en Venezuela apunta a lo mismo: sacarse un lastre de la casa llamado Juan José Uranga y sustituir, a pesar de que apenas lleva dos años en el cargo, al embajador Eduardo Sadous. Un tanto inexplicable en materia diplomática, pero nadie ya quiere entender.

• Después hay que quedar bien con Roberto Lavagna y conservar a Roberto Mori en Europa, más exactamente en Barcelona (consulado). Este hombre, que llegó recomendado por Eduardo Angeloz en su momento, se ha organizado en esos núcleos de la comunidad al mejor estilo Lavagna en Bruselas, casi como la liga de José Luis Machinea y Enrique Iglesias en el BID a la hora de conseguir contratos. Si de esto se habla, alguno está preocupado por la lista de incorporaciones de Bielsa en la Cancillería, aunque claro, varios vienen en reemplazo de otros a los que el ministro decidió prescindir. No por talento, obvio.

• Es el manejo transversal -no olvidar que un confidente de Néstor Kirchner tiene ganapán en el ministerio, Marcelo Fuentes-, donde hoy se habla de quitar de China al embajador Juan Carlos Morelli, quizá porque más de un avieso ha advertido que prosperarán nuevos negocios. O la designación por parte del embajador Miguel Angel Estrella en la Unesco ya con varios sumarios por cobros extra- de su propio yerno, con uno de los salarios más altos, no vaya a ser que alguien traicione sus secretos con el piano. O que un periodista amigo de la esposa del Presidente, Ernesto Semán, desde Nueva York intervenga en la hechura de la agenda oficial del viaje a China, como si en ese país no hubiera embajador y dos cónsules. En fin, parte de la vida en esta actividad en declive (por lo menos en el país), donde un nuevo cónsul en el Norte tiene a su hermano que negocia y aconseja, como representante de los acreedores privados, el pago de la deuda externa, o el propio Kirchner con 14 meses en el gobierno nunca envió al Congreso un proyecto de ley vinculado a la política exterior.

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