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10 de junio 2008 - 00:00

Los K resignan las disputas por sellos

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Ariel Basteiro
Nada funcionó como estaba planeado: cuando a mitad de 2007, Néstor Kirchner proyectó la Concertación Plural como un modelo macro que englobase, detrás de su proyecto familiar a varios partidos, no pensó que en menos de un año después aquello sería puro humo.

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No sólo él mismo, a pesar de resistirse, tuvo que recluirseen el PJ y aceptar, más por necesidad que por gusto, asumir la jefatura del partido creado por Juan Perón. Sino que, además, sus aliados extra PJ pierden, semana a semana, posiciones en sus propios partidos.

La retirada de los socialistas K de la interna del PS, justificada con impugnaciones y denuncias de manejos poco claros por parte del oficialismo que ordena Rubén Giustiniani, supone, más allá de motivos quizá válidos, otro fracaso para el modelo concertador.

El tándem que Ariel Basteiro y Oscar González armaron sobre la base del socialismo bonaerense, con extensiones en Córdoba, Santa Cruz y Entre Ríos, entre otras provincias, para desafiar a Giustiniani, socio eventual de Elisa Carrió, soportó un duro revés.

Al punto que, como nunca antes, quedó al borde de la ruptura el partido que luego de varias décadas de división, se fusionó en 2002.

No se puede desligar de ese tropiezo la mala hora que enfrenta la Casa Rosada como consecuencia de la crisis del campo, pero, además, por la resistencia que genera Cristina de Kirchner. Es más: los socialistas K evitaron todo lo posible quedar muy pegados a la Presidente.

  • UCR, también

    El derrumbe del plan de los socialistas K para quedarse con el control del PS, que terminó de concretarse el domingo cuando Giustiniani fue proclamado presidente luego de que los K retiraron su lista, que encabezaba Jorge Rivas, tuvo otra expresión.

    Los radicales kirchneristas, cada vez más diezmados, terminaron de enterrar cualquier expectativa de pelear la conducción del partido. En enero, Julio Cobos se dedicó a juntar voluntades para tratar de pelear por la jefatura del movimiento que gestó Leandro N. Alem.

    Salvo experiencias locales, donde mandan gobernadores radicales que simpatizan con el -o le temen al- gobierno, en los territorios neutros la UCR K terminó de desdibujarse. Un caso es Buenos Aires, campamento donde alguna vez se imaginó un expansión provechosa.

    El conflicto del campo detonó varias crisis y el distanciamiento de alcaldes radicales que eligieron defender a los chacareros antes que ponerse del lado del gobierno. Quizá primó más la supervivencia que la sintonía ideológica.

    En rigor, en la actualidad, de los cuatro espacios en que se fragmenta la UCR, los K son la expresión minoritaria. Al punto que desistieron de participar de la interna de la UCR y, además, de la disputa en la convención provincial que se proyecta para la segunda parte del año.

    En paralelo, Elisa Carrió, de la mano de Margarita Stolbizer, suma aliados. A los «margaritos» que ordena la ex diputada hay que adosarle, a futuro, el espacio independiente que conformó un comité paralelo que comandan el senador Jesús Porrúa y el ex diputado Marcelo Elías.

    El resto, el radicalismo clásico, imagina ya un acuerdo con Francisco de Narváez, operativo que digita Leopoldo Moreau, quien junto a Ricardo Alfonsín y Federico Storani acordaron una lista de unidad para el comité provincia que presidirá, sin rivales, el moroísta Daniel Salvador.
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