Mauricio Macri, Marcos Peña y Néstor Grindetti, ayer durante la reunión de gabinete. El Gobierno porteño acusa a Cristina de Kirchner por no poder cumplir con obras.
«No queremos que la Presidente nos ame», confió Mauricio Macri y arremetió con una catarata de reproches al gobierno nacional que, asegura, le está trabando la gestión en la Capital Federal. A esos embates, el jefe de Gobierno adjudica que no podrá cumplir con todos los planes que proyectó para la Capital Federal. «Sabemos que tenemos mamá, no queremos que la Presidente nos ame, lo que queremos es trabajar juntos por los vecinos, pero cuando ellos nos paran cosas a nosotros, no es un problema contra el gobierno del PRO, es contra los vecinos», se lamentó el mandatario de la Capital Federal.
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También Macri, en un paseo por los canales de TV, el domingo a la noche, intentó dar explicaciones sobre la reunión que mantuvo con Julio Cleto Cobos, durante la ausencia de Cristina de Kirchner, también para remarcar «los diez puntos» que le llevó a Alberto Fernández, cuando estrenó el cargo.
El mandatario de la Capital Federal aseguró que al vicepresidente de la Nación «no lo veo como un aliado político» y consideró que no tendría que llamar la atención una reunión con el vicepresidente -«debería ser normal», dijo-, aunque admitió que la relación de Cristina de Kirchner con su vice es rara; «me enteré de que él está armando una lista contra el kirchnerismo», dijo al tiempo que confió que busca «ser una alternativa para 2011».
Macri remarcó además que deberá paralizar obras por la falta de apoyo de la Nación. «
Tenemos un nivel de obstaculización de la gestión permanente», dijo y consideró que «joroban la calidad de vida de los vecinos», al aludir a la oposición, el gobierno y hasta la Justicia que le ha embargado fondos de la Ciudad.
Después, el jefe porteño aseguró que en el Gobierno de la Ciudad hubo corrupción. Al referirse el área educativa, por ejemplo, explicó que «hay un mal uso del gasto en todas partes, mucha corrupción, mucho abuso de la licencia de la suplencia, de cobrar y no ir a trabajar y eso hace que los presupuestos no estén, por eso estamos intentando con mucho esfuerzo organizar todo eso y estamos avanzando, estamos contentos, la tendencia está cambiando. Si no trabajan porque hay que ir a trabajar, no se les puede robar la plata a los vecinos como se les robó durante muchos años. Bajos discursos que sonaban muy lindos, pero lo único que hicieron fue dividir la sociedad, los que pueden pagar y los que no pueden pagar y los que no pueden pagar tienen la educación mucho peor que aquellos que pueden pagar».
También se quejó Macri acerca de los hospitales porteños, una pelea que viene enfrentando con el kirchnerismo (ver nota aparte). Dijo en ese sentido que la Ciudad tiene «hospitales enormes y gigantescos, el más grande del mundo para una ciudad, 33 hospitales que utiliza solamente 20% de los porteños; los demás vienen del resto del país, entonces 70% de la atención en algunos hospitales hasta 95% como el Cuna, viene de otros lugares que no es la Capital. Entonces vos nunca podés saber a cuántos tenés que atender».
Y acerca de la compra de elementos para la atención, que el Gobierno porteño centralizó y quitó a los directores de los centros de salud, Macri dijo que antes «era un robo vivo» y explicó que «lo que pasa que los que robaban están tratando de boicotear el sistema, se robaban más de 200 millones de pesos por año en la compra de medicamentos».
Finalmente, Macri se quejó de no haber logrado sus objetivos como se lo había propuesto cuando asumió la jefatura porteña, por las trabas que cree le coloca el kirchnerismo en la gestión.
«Digamos que sin tanta contra, con mejor coordinación con el gobierno nacional, con una actitud más constructiva de la oposición, sin jueces que hacen cualquier disparate para detener lo que la gente necesita, hubiésemos hecho mucho más.» Apostó entonces a que, para junio del año que viene, demostrará que «en un año estamos haciendo el equivalente a casi cuatro años anteriores de obras que la gente ve recién ahora».
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