Mauricio
Macri
recibió el
sábado a la
jefa de la
Comunidad
de Madrid,
Esperanza
Aguirre. La
dirigente del
Partido
Popular
llamó a
trabajar
contra el
‘‘virus’’ que
representa
Hugo
Chávez en
la región.
Rosario- Mauricio Macri y Elisa Carrió fueron los dos ausentes notables de la cumbre de líderes, dirigentes e ideólogos conservadores realizada el fin de semana en Rosario. Temerosos de cargar con el estigma de candidatos de «derecha», los jefes opositores evitaron mostrarse con figuras como el mexicano Vicente Fox, el boliviano Jorge Quiroga y el estadounidense Roger Noriega.
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Carrió, que ni siquiera estaba invitada al foro rosarino por los 20 años de la Fundación Libertad de Gerardo Bongiovani, envió como embajadora a la diputada Patricia Bullrich. A Macri lo esperaban para disertar el viernes junto a José María Aznar, pero el alcalde porteño invocó problemas de agenda para quedarse en la Capital Federal, donde el sábado armó un acto para nombrar huésped de honor al dirigente del Partido Popular.
Tanto Macri como Carrió compiten por quedarse con el cetro de jefes de la oposición de centroderecha, pero ninguno de los dos quiere asumir abiertamente su rol. Creen que en la Argentina, admitirse de derecha es sinónimo de perder elecciones y por eso la jefa de la Coalición Cívica prefiere definirse como «liberal de izquierda» mientras que el titular de PRO se escuda en su defensa de la «gestión» sin tintes ideológicos, aunque cita al colombiano Alvaro Uribe como el mejor presidente de la región.
Malestar
A Macri también lo espantóla presencia de Ricardo López Murphy, con quien el sábado debía compartir auditorio con una diferencia de apenas media hora. La última vez que estos ex socios políticos se cruzaron fue hace tres semanas en una cena organizada por el pastor evangelista Luis Palau en el hotel Hilton. Ni se saludaron y apenas intercambiaron de lejos una sonrisa forzada que reflejaba el malestar entre ambos por la candidatura presidencial del jefe de Recrear, que nunca fue avalada por el macrismo a nivel nacional.
Pero ese no fue el único motivo de espanto de Macri. El jefe de Gobierno porteño temía, además, una emboscada de grupos izquierdistas como la que sufrió López Murphy en Rosario la noche del miércoles pasado. Con empujones y la ayuda del diputado Julián Obiglio, el ex ministro de Economía logró escapar de los manifestantes que le gritaban desde «nazi» hasta «vende patria».
Diego Guelar, Paula Bertol y Federico Pinedo fueron los principales exponentes del macrismo en Rosario. Casi todos coincidieron en sus críticas al gobierno de Cristina de Kirchner por el conflicto agropecuario. «La escucha activa tiene que ver con conectarse con el otro, así se construyen consensos. Esta dinámica no existe en el gobierno nacional», lamentó Bertol, quien también comentó su molestia porque no había ni una sola mujer como panelista en el 20 aniversario de la Fundación Libertad.
Indiferencia
Pinedo, jefe del bloque de diputados del PRO, prefirió exhortar a la indiferencia generalizada ante el discurso de la Presidente: «No les hagamos caso a las frases de odio, de división o de enfrentamiento.
Démosles una oportunidad a los argentinos de solucionar nuestros problemas por el diálogo. Desde el PRO pedimos tranquilidad y paz en los espíritus, para poder buscar acuerdos que beneficien a todos. Con el enfrentamiento y la violencia todos perdemos. No seamos todos D'Elía. Demostremos que se pueden hacer las cosas de otra manera».
El sábado, en el Salón Dorado de la Legislatura porteña, Macri recibió a Aznar y al ex subsecretario de Estado para América Latina, Roger Noriega. El alcalde porteño optó así por organizar su propia minicumbre privada y a puertas cerradas para evitar a los manifestantes piqueteros y del Partido Comunista que protestaban desde la calle. «No sé por qué están aquí, la libertad es lo esencial en la vida política y la económica. Hoy la política no es algo que esté a la moda. La política tiene mala prensa pero hay que entenderla como una herramienta de servicio para los demás», se defendió el dirigente del Partido Popular.
Macri dijo que «la política debe estar intercomunicada con la sociedad civil», para ejercitar «la capacidad de diálogo y conformar un proyecto de país».
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