La higienización parlamentaria estará destinada a acondicionar el recinto de la Cámara baja, donde hasta la madrugada sesionarán los diputados para terminar de dar la media sanción al presupuesto 2002.
El personal retirará pocillos de café, latitas vacías de gaseosa, restos de viandas, papeles varios y hasta borradores de arengas en favor y en contra de la denominada ley de leyes. Y habituales residuos de las deliberaciones en el recinto.
Pero tendrán que apelar a algo más que botes de basura, plumeros y escobillones, ya que deberán disimular el mal olor que conservaban anoche las escaleras que utilizan legisladores, empleados y hasta las visitas.
En la víspera, los caceroleros abandonaron los tradicionales instrumentos de protesta (las cacerolas que les dieron nombre) y llegaron hasta el cruce de las avenidas Entre Ríos y Rivadavia munidos con elementos menos ruidosos, pero más escatológicamente representativos de la descomposición social de la Argentina: bolsas repletas de excrementos humanos, incluidos pañales de bebés, y de animales domésticos.
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