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Devenido en anfitrión, Manzano se rodeó de sus amigos Miguel Angel Toma y Carlos Soria, e incorporó como interlocutor al ortodoxo del peronismo de Lomas de Zamora, José Pampuro, que tiene el privilegio de ser el único a quien el flamante presidente designado le hizo una oferta que no podía rechazar. «Elegí el cargo que te guste, Pepe», lo convidó anteayer, antes de que la Asamblea Legislativa lo consagrara sucesor de Adolfo Rodríguez Saá. Parecía el invitado adecuado para negociar sillas en el gabinete.
Los intereses manzanistas estaban puestos en dos áreas clave, la SIDE y Defensa. Por supuesto, los candidatos para ambos cargos estaban presentes. Toma aspiraba a administrar la «caja» de los militares.
Como jefe de los espías, el ex ministro del Interior promovía al diputado rionegrino (aunque mudado a los pagos de Duhalde) Soria. Curiosamente, Pampuro había sonado durante toda la jornada como el próximo «señor 5». Hacia los postres parecia haberlo logrado.
Soria estaba molesto porque se había echado a rodar el rumor de que podría transformarse en el sucesor de Juan Pablo Baylac en el rubro vocero gubernamental. El bajo perfil de la SIDE le resultaba más atractivo.
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