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29 de septiembre 2006 - 00:00

Marcha de Blumberg y Castells

Tras superar contramarchas y presiones, Juan Carlos Blumberg y Raúl Castells marcharon ayer por las calles de Villa Fiorito, una de las zonas más pobres del conurbano de Buenos Aires. El argumento de la convocatoria es imbatible: la ola de inseguridad golpea también a los más humildes y, además, ahora se sumó el caso López, por cuya aparición pidieron ayer en Fiorito. Por el lugar hubo más protagonismo de Castells.

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Juan Carlos Blumberg, ayer en Villa Fiorito, al cerrar una marcha en reclamo de seguridad, convocada por Raúl Castells. También pidieron por aparición de Jorge Julio López.
Estaba prevista para el miércoles, pero la desaparición de Jorge Julio López derivó en una convocatoria para mismo día y hora a Plaza de Mayo. A desgano, Raúl Castells postergó 24 horas su marcha junto a Juan Carlos Blumberg y ayer atravesó Villa Fiorito, una barriada olvidada del conurbano.

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Cerca de 30 cuadras, entre Puente La Noria y la estación Fiorito recorrió la columna encabezada -aunque apenas se saludaron y cada uno anduvo por su lado- por Castells y Blumberg, sociedad que se enhebró sólo, y por ahora, por una demanda compartida: la inseguridad.

Sin embargo, inevitable se filtró el caso López: codo a codo, al comienzo de la caminata, pidieron por la aparición del albañil que testificó contra Miguel Etchecolatz y embistieron contra la falta de custodia. «El gobierno es responsable», acusaron a dúo.

«Por justicia y seguridad también para los pobres» tituló Castells la protesta que alimentó con los militantes de su clan, el MIJD. Todo un mensaje: el piquetero martilló con el planteo de que «la muerte de un negrito de Fiorito» valga como la de «un pibe de Barrio Norte».

En ese barrio, en las orillas de Lomas de Zamora, durante agosto murieron «16 jóvenes», contó el cacique piquetero para ilustrar, con crudeza, el nivel de inseguridad de la zona. Luego aportó más precisiones: «A la mitad, los mató la Policía».

Como en las marchas de Blumberg, se repitieron las pancartas con fotos de víctimas. Había, en cambio, un matiz: en el grueso de los casos, según contaban las familias o rezaban esos carteles, fueron muertos en hechos donde aparecen involucrados uniformados.

Con eso, se traslució una obviedad: que su visión confronta con la de Blumberg respecto de los modos para combatir el delito, asunto sobre el que el ingeniero tiene un percepción orientada hacia leyes más rígidas y un mayor poder policial y judicial. Castells no.

Fue un dato más para ratificar que, más allá del pedido compartido y sus críticas a Néstor Kirchner y Felipe Solá, un abismo separa a Blumberg y Castells. No hay un mínimo indicio de que esa alianza callejera, fugaz, evolucione algún día hacia la política.

«Imposible: ni Kirchner ni Blumberg» soldó un candado el piquetero cuando este diario le preguntó sobre una entente electoral con el padre de Axel. «Nunca pero nunca -repiqueteó- podría estar con él porque siempre combatí a las políticas de derecha.»

Si alguna vez, cerca del padre de Axel, alguien imaginó que Castells podría ser un potencial entenado en una eventual aventura política, esa frase sepultó cualquier especulación. Menos terminante, Blumberg había confesado antes sus diferencias con el piquetero.

Le molestó, por caso, que postergue sin aviso la movilización a 24 horas de hacerla. Estaba pautada para el miércoles y el martes a media tarde, sin avisarle, Castells la pateó para ayer. «Si la hubiésemos mantenido en el día acordado, habría mucha más gente» especuló.

Fue una movilización con más de 2.000 personas, con carros de cartoneros al frente, recorrieron unos quinientos metros del Camino Negro para luego perforar la villa La Cava de Fiorito hasta la estación de tren del barrio (ver nota aparte).

Allí, donde nació y empezó a jugar al fútbol Diego Maradona -cuando se lo mencionó no hubo un solo aplauso, sino quejas porque «se olvidó» del barrio-, Blumberg compartió con Castells una marcha, devolución de gentileza por el apoyo del piquetero a las marchas del padre de Axel.

«¿Usted piensa que a estos padres, a los que les mataron a sus hijos, les importan los proyectos políticos?», se enojó Castells ante la insistencia de la prensa. «Estoy abocado al juicio de Axel, luchando.»

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