El cómo estás de cada uno que entraba recibía la misma respuesta: «Acá me ves, mejor que alguno que está afuera». La única otra referencia que se permitió en su encierro ayer Carlos Menem fue también sobre el gobierno, y más precisamente sobre Domingo Cavallo. «¿Cómo puede tratar así, de traidores a la patria, a quienes no piensan como él?», se quejó el ex presidente en «Torcuato» (así llaman ahora los menemistas a la localidad de Don Torcuato, adonde pasa su encierro por orden del juez Jorge Urso). «Lo conozco bien, reacciona de esa manera sólo ante una cosa, cuando entra en la desesperación; por eso hace lo que está haciendo», remató en la única referencia
El regalo que más risas despertó fue el que acercó el sindicalista Antonio Cassia: una bicicleta que tanto sirve fija, para hacer gimnasia, como para pasear si uno da un golpe de manija. Casi un plan de fuga para un detenido. Otro regalo, de autor con reserva de identidad, alimenta esa chanza: un palo de golf plegable que se desmonta en tres y puede llevarse en el bolsillo. Menos gracia causó un botellón de fantasía que contenía un presunto vigorizante. A Carlos Menem estas alusiones a la detención le despiertan una sonrisa poco entusiasmada, así como las de tristeza que adivina en sus visitantes en el día del cumpleaños. El ex presidente, en cambio, prefiere interesarse por cómo están sus visitantes, como si estar preso por una causa en la que todos dicen que lo procesarán fuera una contingencia menor. Como si la libertad no fuera hoy un ingrediente principal de su proyecto. Eso les hace creer a los observadores más atentos que Menem tiene un plan que afronta con el mismo método que otras peleas: aceptar la realidad como es, no ir al choque frente a lo que no se puede cambiar y buscar en cambio un camino alternativo para superar el conflicto. Algo hay de eso porque, si no, no se explica que de lo que menos habla Menem en público es sobre el fondo y forma de su detención.
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La jornada del cumpleaños cerró anoche con la caravana de los menemistas que recorrieron el centro de la Capital Federal con final en la quinta de Don Torcuato, que fue de Natalio Botana pero que decoró Armando Gostanian. Eso se nota en la cantidad de estatuas que reproducen elefantes de todo color, forma, tipo y material. Dan suerte, como las infinitas imágenes y representaciones que recibió ayer el ex presidente de San Lázaro, adoración que ampara el «levántate y anda». Tantos regalos recibió que hubo que habilitar una casa de cuidadores anexa al chalet principal de los Gostanian, adonde fueron derivadas las camisas, corbatas y libros que empezaron a llegar desde el domingo para celebrar los 71 años de Menem.
En la noche de ese día el ex presidente terminó una jornada de mucho fútbol junto a un puñado de ex funcionarios (Carlos Corach, Eduardo Bauzá, el ex jefe de Gabinete Jorge Rodríguez y el ex gobernador de La Rioja Bernabé Arnaudo, que acercó un ejemplar con otro título alusivo y de autoayuda, «Su vida está en sus manos», de Dickman Choppra). Por la mañana Menem madrugó ya vestido de saco y corbata para recibir al centenar de visitantes. Primero Cassia con la bicicleta que festejaría más tarde Adelina de Viola, quien explicó que estas bicicletas duales permiten que el usuario se recueste hacia atrás y haga abdominales mientras permanece fija y, de pronto, salir corriendo («las importa mi marido», dijo la ex funcionaria, que llegó junto a su socio Santiago Lozano). Casale le regaló una campera beige y otra imagen de San Lázaro, patrono de Cuba, recordando que mientras era embajador en la isla gobernada por Fidel Castro hizo el primer tedéum por un 9 de Julio. Cerca de las 10.30 y recién despertada bajó del dormitorio del primer piso Cecilia Bolocco, que se sumó a la recepción de los amigos, que obligaron a extender la mesa que se preparaba para el asado de mediodía en el quincho de Gostanian. Cada visitante que se acercó hacia esa hora logró una silla para compartir el almuerzo: Cassia, Adelina (mientras estuvo no habían llegado ni Matilde Menéndez, ni María Julia, ni Claudia Bello, se destacó), los animadores bailanteros Pepe Parada y Miguel Angel Pierri, Luis Santos Casale, Carlos Spadone, «Paco» Mayorga, «Robi» Fernández, Daniel Scioli y Adrián Menem. Antes de sentarse, Menem atendió por teléfono un llamado de Tita Merello, que vive en la Fundación Favaloro, con quien sostuvo una charla con risas y lágrimas: Menem: ¿Cómo está mi amor? Merello:Ya sé que tenés otro amor, no me hablés así. Menem: Siempre vas a ser mi amor... Le voy a decir a Cecilia que vaya a visitarte a la fundación... Merello: Que Dios te bendiga. Menem: Y que te bendiga a vos.
Durante el asado el ex presidente recorrió los rostros compungidos de los visitantes y se dio ánimo para ocuparse de cada uno. Cada cual, a su turno, se reservó una crítica al gobierno sobre cómo De la Rúa desarma lo que se armó en la década Menem. La figura de Cavallo fue recurrente al respecto y le arrancó la única opinión política del día. Al terminar al asado y mientras se soplaban velas sobre las más de diez tortas (la mayoría dietéticas) llegaron Bello, Menéndez, Alsogaray, Hugo Anzorreguy y Julio Mera Figueroa. También el actor Carlos Perciavalle y, sucesivamente, más ex funcionarios como Jorge Rodríguez y Jorge Triaca. Las velitas y los saludos se destacaron por la moderación. Otro observador oportuno puso el acento en cómo la presencia de Cecilia modera las efusiones menemistas extremas. A nadie se le ocurrió, ante tan fina dueña de casa, por caso bailar con una damajuana en la cabeza, como ocurrió en aquella algarada que popularizó a Eduardo Duhalde en Anillaco. Cecilia en ese momento recibió la indicación de que podía salir a saludar a la barra que se agolpaba en el portón. «A Carlos le sobran fuerzas y quiere hablar más con la gente que con la prensa. He salido a estar con la gente, he querido venir a saludarlos en nombre de Carlos», explicó sonriente en esta primera aparición. La segunda la hizo por la tarde y fue casi icónica: aprovechó un balcón que la puso otra vez en el símil Evita que quieren aprovechar algunos menemistas.
«Si salgo me mandan a Campo de Mayo. Quiero que le digas a la gente que me disculpe porque no salgo a saludar», dijo Perciavalle que le dijo Menem. Esta salida dio paso a un colorido grupo de mariachis mexicanos que entraron a la casa a cantarle las «mañanitas» al ex presidente. Al caer la tarde y mientras la casa se iba concentrando en los televisores para contemplar la marcha de la caravana que venía de la Capital Federal, ingresó el abogado Mariano Cavagna Martínez (ver nota aparte). Venía de ver al juez Jorge Urso y eso bastó para que todos endurecieran el gesto.
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