Carlos Menem tiene previsto verse hoy dos veces en Washington con George W. Bush. Estarán en la apertura de una cumbre de partidos de centro en un hotel de la capital de los EE.UU. y por la noche compartirán con otros invitados una cena en la Casa Blanca. Algunos especulan con un aparte a solas que cimiente un relanzamiento del ex presidente en el mejor escenario internacional. Pero todos miran, además, el efecto que puede tener la gira que inició Menem ayer por dos semanas por Washington y Nueva York en la negociación clave de la Argentina con el FMI.
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Menem, acompañado de una comitiva integrada por Ricardo Romano, Jorge Castro, Ana Mosso, Javier Mouriño, Francisco Mayorga, Ramón Hernández, Mario Baizán y Adriana Laforggia, se instaló ayer en el hotel Marriot, a doscientos metros de la residencia presidencial norteamericana, donde se realizará la convención de esa internacional. Ya en el lobby, comenzó a presumir la presencia de ojos y oídos de Ruckauf, inquieto por la presencia de su principal adversario en la capital del imperio (Ruckauf y Esteban Caselli son los dos únicos peronistas a los que el riojano se las tiene jurada por su cautiverio en Don Torcuato). Pero en buena medida Menem tiene casa propia en Washington: Diego Guelar, antes de representar a Duhalde, lo representó a él frente al gobierno de Estados Unidos y, esta vez, le ofreció su logística para agasajarlo. Conocedor de los gustos del visitante, le ofrecerá un «pizza party» en su residencia, a la que asistirán figuras relacionadas con la Argentina. Guelar, hay que recordar, tiene mejores relaciones con la Casa Rosada que con la Cancillería -por no decir que está distanciado de Ruckauf-, lo que por carácter transitivo lo acerca más a Menem.
El ex presidente participará también de un par de encuentros con funcionarios de la administración americana: estará con John Maisto, el segundo de Condoleeza Rice (encargado para América latina del Consejo de Seguridad Nacional) y con el ascendente Glenn Hubbard, jefe de asesores económicos de Bush y «parejero» de Paul O'Neill, con quien compite por la orientación económica del gobierno de los Estados Unidos. ¿Qué tono tendrán sus afirmaciones sobre la actual gestión peronista? Si se lo sigue por sus primeras declaraciones periodísticas, ayer, será prudente y operará como un hombre de Estado: habló de la necesidad de que el gobierno termine su mandato en diciembre de 2003 y de que alcance cuanto antes el acuerdo con el Fondo. Después, sin sobreactuar, habló de sus tres propuestas actuales: dolarización, regionalización y reforma constitucional.
Además de estas reuniones oficiales, Menem expondrá en varias instituciones de carácter cultural, como la Heritage Fundation. Después, se recluirá en el rancho de George Bush padre, en Maine, junto con su esposa Cecilia Bolocco, que llegará pasado mañana a Washington. ¿Visitará el presidente de los Estados Unidos esa casa familiar, distraídamente, durante el fin de semana? La alternativa se discutió anoche en el hotel Marriot, donde un experto en la política del actual gobierno norteamericano explicó: «Si hay una incógnita en este país es cómo es la relación entre los dos Bush, padre e hijo. Lo que es seguro es que desde que asumió el actual presidente jamás se mostró con su padre, salvo el día de su cumpleaños en un campo de golf».
Una vez que vuelva de la casa de los Bush, Menem viajará hacia Nueva York. Allí participará de reuniones con financistas e inversores en la Argentina. Para esa altura su comitiva se verá ampliada. Se le sumarán Alberto Tell, Claudio Sebastiani y los economistas Roque Fernández y Pedro Pou.
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