Carlos Menem y Eduardo Duhalde, arribados ayer a Roma para las exequias de Juan Pablo II, se reunieron en un hotel de la capital italiana.
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Como adelantó ayer este diario, la charla aludió a la normalización de la cúpula partidaria, que Menem y Adolfo Rodríguez Saá quieren ver realizada a través del voto de los afiliados, y también a las dos disputas en que ambos caudillos están involucrados, por las senadurías de la provincia de Buenos Aires y de La Rioja.
En vano el «espía» Rafael Bielsa no pegó un ojo durante toda la noche en el avión que lo transportaba, junto a los dos ex presidentes, al mandatario boliviano Carlos Mesa y al vicepresidente de Paraguay, Luis Castiglioni, hacia los funerales de Juan Pablo II, que se realizarán hoy. Menem y Duhalde no se dirigieron la palabra durante el viaje, sentados a uno y otro lado del pasillo de la primera clase de Aerolíneas. El canciller, como siempre comunicativo, saludó al riojano antes de subir a bordo y se puso a su disposición en Roma.
Sin embargo a Bielsa se le escaparon las liebres una vez que el avión llegó a Fiumicino. El debió dirigirse a la embajada argentina ante Italia, donde lo alojó Vittorio Taccetti. Menem y Duhalde partieron hacia el Hotel della Minerva, donde pudieron hablar a solas, antes de partir cada uno a comer a un restorán distinto sin salir del corazón de la Roma barroca, donde pasan estos días. En el aeropuerto, los dos líderes del peronismo fueron recibidos por Esteban Caselli, quien asiste como «gentiluomo de Su Santidad» a la liturgia funeral del Papa y quien, además, se desempeña como embajador de la Soberana Orden de Malta ante el Perú ( razón por la cual, tal vez, se vio subir a Menem a un auto con patente diplomática). Detalles que Francisco Larcher no podrá poner sobre la mesa de Kirchner a raíz de que el experto de la SIDE en Italia, Alejandro Sánchez, fue repatriado de urgencia.
El lujoso albergue donde se alojaron los dos ex presidentes debe su nombre al templo de la diosa Minerva que se encontraba al lado y sobre el cual, en la era cristiana, se consagró un templo a la Virgen María, que con el tiempo se convirtió en la sede de los dominicos en la capital italiana. En el interior del hotel, que lleva en la fachada una placa recordatoria de San Martín, los dos argentinos conversaron sobre esta agenda:
• Duhalde comentó el último dato que le transmitieron desde Buenos Aires sus principales gerentes políticos (se comunicó, por lo menos, con tres de ellos): Alberto Fernández prepara, en combinación con la jueza María Servini de Cubría, la intervención del PJ nacional. Sería una manera de «normalizarlo» legalmente. El encargado de llevar adelante la tarea es un viejo conocido de Menem, Duhalde y, sobre todo, de la magistrada: Ramón Ruiz, quien fue delegado de la SIDE en España durante la presidencia del riojano y se transformó en el principal nexo entre el bonaerense y Servini en toda la saga de congresos partidarios que sirvieron para llevar a Kirchner al poder. Su último servicio fue manejar el PJ Capital para que Fernández llegue a su conducción. La intervención del PJ sería la respuesta oficial al reclamo de internas que llevaron al tribunal de la jueza Menem y Rodríguez Saá. Seguramente habrá quejas, apelaciones y conflictos, si no estimulados, por lo menos tolerados por el peronismo bonaerense.
• El otro motivo de conversación entre los dos caudillos peronistas, que se trataron sin efusividad pero con cortesía, fue el de las internas que cada uno protagoniza. Duhalde hizo un comentario breve sobre el lanzamiento de Cristina Kirchner, que la Casa Rosada le anuncia insistentemente a través de los diarios. Insinuó, al pasar, la conveniencia de que en el PJ bonaerense haya una interna y no porque sueñe que Kirchner y Felipe Solá la vayan a librar. El hombre de Lomas de Zamora esbozó la idea de que el menemismo de la provincia no compita también por fuera del partido sino que colabore para reanimar su estructura con una guerra pactada (tal vez hasta en el resultado, si Hugo Curto sigue siendo Hugo Curto). Curioso trance el de Duhalde, quien sufre en carne propia, como ya se consignó en este diario, la medicina que él mismo le aplicó a Menem: impedir la interna y dirimir la puja en el padrón general de la sociedad, donde quienes controlan la burocracia partidaria ven disminuido su encanto y poder.
• Como Duhalde cuando habló de la candidatura de Cristina, también Menem se mostró disgustado con la influencia que ejerce en su contra Kirchner sobre el gobernador riojano Angel Maza. Vidas paralelas, ese mandatario es a la escala de su provincia lo que Felipe Solá representa en la de Buenos Aires: un «chicote» de la Rosada sobre los caudillos de cada distrito, por usar una palabra que desenterró el obispo Carmelo Giaquinta. Como adelantó este diario en su edición de ayer, el pasaje riojano de la charla incluyó una referencia, superficial por cierto, a la visita que Jorge Yoma le realizó a Duhalde el sábado pasado.
Bastó esta conversación para el encuentro, que tal vez se repita hoy en el mismo hotel, lejos de la mirada de Bielsa y también de Daniel Scioli, quien en vez de curiosear sobre los intercambios de sus ¿ex? jefes prefiere no cruzarse con ellos para evitar compromisos que luego le valgan un zamarreo de Kirchner. «Yo acá no vengo a hacer política, estoy por el Santo Padre», dijo haberle escuchado al vicepresidente uno de los integrantes de la comitiva oficial.
Menem y Duhalde no distinguen, en cambio, entre una cosa y la otra: los dos tienen previstas, seguramente por la intercesión de Caselli, sendas entrevistas con jerarcas del Vaticano. Entre ellos estará el arzobispo Leonardo Sandri, argentino que comandó la vida interna de la Iglesia como secretario sustituto de la Secretaría de Estado y responsable, desde esa posición, de enviar la carta de reproches a Kirchner por el caso Baseotto, último acto administrativo del pontificado de Juan Pablo II.
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