Moreno, la paradoja

Política

Con ese habitual espíritu televisivo que envuelve a los hombres de la política, el arco opositor -y otros que no lo son- exige la dimisión de Guillermo Moreno. Como si fuera algo personal y los gratificara la exoneración de éste. Piden la eliminación de la primera figura del cartel francés en lugar de exigir, lo que correspondería, la modificación del INDEC y sus inverosímiles encuestas.

Moreno es una anécdota que seguramente desnaturaliza al gobierno, pero la desconfianza está en el instituto estadístico. Nadie sabe aún cuánto tiempo aguantará Moreno en el cargo, pero a la Presidente se supone que le cuesta afrontar tanto una medida como la otra: cree que es correcto el funcionamiento del INDEC y, es público, su entorno no para de hablar de traición, nadie en su círculo ha dejado de objetar la deslealtad de Julio Cobos por su voto contrario -en el Senado-al Ejecutivo que integra.

Por lo tanto, desprenderse de Moreno (quien posiblemente no sea de la simpatía de Cristina) se le vuelve un búmeran: ella y su marido lo reconocen como el funcionario que más firmeza y adhesión exhibió con el matrimonio durante el último conflicto con el campo. Casi una paradoja, para ella, es conservar a Cobos como número dos del gobierno y echar a Moreno del gobierno.

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