Ingreso triunfal. El gremio de camioneros de Hugo Moyano,
identificado con los colores verde y blanco, ingresó a Plaza
de Mayo a las 14.28. Desplazaron de la primera fila a los
piqueteros de Luis D’Elía.
Nada parece detener el romance político entre Cristina de Kirchner y Hugo Moyano, quien ayer se encargó de copar todo el frente de la Plaza de Mayo con banderas verdes, afiliados y manifestantes del Sindicato de Camioneros. El jefe de la CGT eclipsó incluso el poder de movilización de las organizaciones piqueteras que el 25 de mayo de 2006 habían saturado, con Luis D'Elía a la cabeza, el acto por el tercer aniversario de la presidencia de Néstor Kirchner.
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Ni siquiera el recuerdo de las balas disparadas por el chofer del hijo de Moyano en San Vicente el año pasado durante el traslado de los restos de Juan Domingo Perón, o el más reciente asesinato de Abel Beroiz, secretario general de los camioneros en Santa Fe y tesorero a nivel nacional del gremio, impidieron que el titular de la CGT apareciera ayer como el sostén principal del acto de Cristina de Kirchner realizado bajo la consigna «Convivencia, diálogo y defensa del gobierno nacional y popular».
A las 14.30, una hora y media antes del horario pautado para el discurso de la Presidente, una multitudinaria columna identificada con los colores verde y blanco, del gremio de camioneros, ingresó a la Plaza de Mayo para instalarse frente a las vallas que daban al escenario principal y al palco vip donde se ubicó Moyano, estratégicamente ubicado al lado del ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y del secretario de Obras Públicas, José López. A esa altura de la tarde, ya retumbaban los bombos, los cánticos peronistas y los petardos «tres tiros» idénticos a los que se disparan en las tribunas populares del fútbol. En el palco, Moyano y De Vido sonreían y se susurraban al oído mientras compartían la misma botella de agua mineral.
Pablo Moyano estuvo al frente de la columna principal, que aportó más de 10 mil manifestantes e ingresó a Plaza de Mayo por Diagonal Sur. «Nos movilizamos en defensa del gobierno popular de Cristina y para que no se repita la antinomia Sociedad Rural-gobierno como sucedió en 1955 y 1976», explicó el hijo del líder de la CGT.
Recluidos
Fue tan abrumadora la presencia de camioneros en la Plaza que los piqueteros de la Federación Tierra y Vivienda de D'Elía y del Movimiento Evita de Emilio Pérsico, los mismos que repelieron a golpes de puños el martes pasado a los manifestantes que apoyaban al campo en Plaza de Mayo, debieron recluirse sobre la esquina del Banco de la Nación sobre la avenida Rivadavia.
En el centro de la plaza se ubicaron las columnas del conurbano bonaerense representadas con banderas que promocionaban a Jesús Cariglino ( Malvinas Argentinas), Mario Ishii (José C. Paz), Humberto Zúcaro (Pilar), Alberto Descalzo (Ituzaingó) y Julio Pereyra (Florencio Varela), entre otros. En el cielo, los globos de gas de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) de Andrés Rodríguez, la Unión Tranviarios Automotor (UTA) de Juan Manuel Palacios y el Sindicato Unico de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (SUTERH) de Víctor Santa María.
Detrás de los camioneros marchan los sindicatos UOCRA -construcción-de Gerardo Martínez y SOMU -Marítimos- de Oscar Suárez. Todos dejaron la interna por la sucesión de la CGT para otra oportunidad y se ubicaron detrás de la columnade camioneros para respaldar al matrimonio Kirchner en Plaza de Mayo.
«Un poco más de dos por ciento de los productores se lleva la riqueza nacional, y los pequeños ruralistas están siendo utilizados por la Sociedad Rural», se quejó Moyano padre al llegar a la Plaza de Mayo. Al frente de una columna propia, el jefe del Sindicato de Empleados de Comercio, Armando Cavalieri, se pronunció a favor de «un diálogo fecundo» entre los productores del campo y el gobierno.
Los piqueteros parecieron resignados al copamiento camionero de la Plaza. D'Elía y el diputado Edgardo Depetri se sentaron juntos en el vip principal. El jefe de la multipiqutera, Humberto Tumini, prefirió la compañía de María José Lubertino del Inadi. Y Pérsico se quedó solo en las gradas que daban a la avenida Rivadavia desde donde cantó y saltó cerca de las vallas.
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