4 de noviembre 2008 - 00:00

Moyano-Momo: Perón une lo que separa Kirchner

Juntos por Perón, pero peleados en la cúpula de la CGT.Hugo Moyano y Gerónimo Venegas ayer, en otro acto de presentacióndel demorado monumento al fundador del justicialismoque se construirá en Capital Federal.
Juntos por Perón, pero peleados en la cúpula de la CGT. Hugo Moyano y Gerónimo Venegas ayer, en otro acto de presentación del demorado monumento al fundador del justicialismo que se construirá en Capital Federal.
Una sociedad hipotéticamente irrompible quedó, la semana pasada, al borde de la disolución: Gerónimo «Momo» Venegas estuvo a segundos de pegar un portazo y abandonar, a los gritos, el espacio político gremial que comparte, desde hace más de una década, con Hugo Moyano.

No sin esfuerzos, un abrazo de moyanistas impidió la fuga. Simulacro de calma, Venegas y el camionero jefe de la CGT, se mostraron juntos ayer para festejar que, al fin, podrán construir un monumento a Juan Domingo Perón, quizá lo único que todavía los hermana.

Pero, bajo la superficie, la alianza política está astillada. El motivo esencial de esa distancia es Néstor Kirchner, en cuyo planeta no hay -hasta ahora- espacio para el jefe de las 62 Organizaciones Peronistas. Y Moyano no puede o no quiere abrirle la puerta.

Venegas esperaba con ansiedad adolescente que la destreza negociadora de su socio y amigo camionero le permita preservar el último reducto de peso que le quedaba por defender en la estructura del PJ: una butaca como consejero gremial en el PJ bonaerense.

  • Paralelo

    Pero Kirchner dijo no, y con una extraña solidaridad Moyano decidió ocupar ese lugar él mismo. Es más: se quedó, en paralelo, con tres de las otras cuatro butacas que les correspondían a los sindicatos, con la salvedad de la que habita Hugo Curto.

    El camionero le pagó a Abel Frutos, de la Federación de Panaderos; a Jorge Mancini, del gremio de la CEAMSE, y a Miriam Lomónaco, una dama de Mar del Plata.

    Personalista, Moyano no abrió ese espacio a otros grupos del sindicalismo, ni siquiera informalmente.

    No tuvo, siquiera, la «gentileza» de cederle un hueco a alguno de los sindicalistas que operan en las 62, lo que se hubiese interpretado como una señal a Venegas que no tuvo más remedio, para mantener presencia en el PJ, que postularse para presidir el partido de Necochea.

    Eso fue, sin embargo, un elemento visible y público de malestar. Hubo otro: Venegas, como secretario de Interior de la CGT -fue Moyano el que lo «bancó» para que renueve en ese cargo- se dedica a recorrer el país tratandode normalizar seccionales cegetistas y de las 62.

    Sus últimos avances en esa tarea, lejana de Olivos y de la TV, se vio misteriosamente estorbada por ciertas intromisiones que el «Momo» rastreó hasta las cercanías de Moyano. Esa categoría, muchas veces figurativa, de « entorno» habría operado contra los oficios de armador de Venegas.

    La sumatoria de episodios indujo al líder de UATRE a suponer que su pertenencia al moyanismo ya no era bienvenida y, en ese marco, agarró el picaporte con cara de pegar el portazo. Lo atajaron antes de que lo haga, pero el ánimo entre ambos no es el mejor.

    Apareció, como un recurso perfecto, el anuncio de que luego de 20 años de cajoneos, el monumento a Perón podrá construirse detrás de la Casa Rosada, muy cerca del playón que funciona como helipuerto presidencial. Eso era un impedimento hasta que la Fuerza Aérea determinó que no lo es.

    Ayer, codo a codo, Venegas y Moyano anunciaron esa novedad y volvieron a invitar a dirigentes y afiliados a que «colaboren» con aportes para financiar la obra del escultor Enrique Savio, que muestra un Perón de civil, con su característico gesto de los brazos en alto.
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