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El destino de esas tierras forma parte hoy de una «paritaria» algo insólita: las entidades que reclaman el espacio para el museo creen que deben ser cedidas las 17 hectáreas; el Ministerio de Defensa, en la persona de Pampuro, estaría dispuesto a que se ceda un edificio secundario, ya que el principal había sido imaginado por el propio ministro como sede de su cartera; finalmente, si fuera por los marinos, apenas habría que instalar una placa en una pared, tal vez con el deseo de que en un futuro gobierno se remueva.
Es imposible que Godoy consiga la última opción deseada por los integrantes de la Armada de poner una mera placa y por eso en su comando hacen apuestas sobre su salida. Curiosidades del gobierno actual, se iría antes que Roberto Bendini, el jefe del Ejército, cuya cabeza tiene precio en el despacho del ministro de Defensa desde hace meses (en rigor, desde que Pampuro asumió en el área y se enteró de que no designaría a los jefes de las Fuerzas). Ahora bien, si Godoy deja el cargo con un discurso rimbombante, avanzando sobre una idea « superadora» que es el museo de la memoria «de ambos bandos», ¿quién será el oficial superior capaz de hacerse cargo de la pérdida de la base militar de Núñez? En la Casa Rosada calculan que la Marina estará por unos días vacante, con una conducción interina, hasta que se designe a otro almirante, con la ESMA en manos de las entidades de derechos humanos, ya como un hecho consumado.
El cambio de destino del viejopredio de la ESMA envuelve también otras remociones, menos notorias. En esa área que se extiende sobre el Río de la Plata se asientan dos institutos educativos civiles, o cuasi civiles. Uno es la Escuela Nacional de Náutica, que no tiene vinculación con la Armada y reporta a la liga de patrones de barcos.
El otro colegio es el Liceo Naval. Si bien tradicionalmente perteneció a la Armada (cuando funcionaba en Río Santiago, en las inmediaciones de La Plata), los marinos lo cerraron. Fueron ex liceístas, agrupados en una fundación, los que lo resucitaron. La Marina lo asiste con un oficial retirado que cumple funciones académicas pero los padres de los liceístas ya comenzaron a moverse delante del Ejecutivo para advertir que no tienen nada que ver con las Fuerzas Armadas y que el colegio podría desaparecer si se asigna toda la extensión, sin más ni más, a las ONG de derechos humanos para el museo.
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