Es sabido que, para Julio De Vido, el Ministerio de Planificación es apenas un rótulo administrativo: cubre mínimamente la extensión de su reino. Si hasta hay quienes comienzan a pensar que se reitera a escala nacional lo que sucedió durante tanto tiempo en Santa Cruz, es decir, Néstor Kirchner recorriendo el país con su prédica progresista y De Vido al frente de la burocracia provincial, empujando la lapicera en el día a día. Si ambos fundaran un club de barrio, merecería llamarse «campaña y gestión». Una broma de Roberto Lavagna, claro. Humoradas aparte, ayer al arquitecto le tocó desempeñar por un momento la cartera de Trabajo, por derivación de las tribulaciones de su propia área.
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De un telefonazo, esta especie de jefe de Gabinete informal -ya esta sola mención amistosa irrita a Alberto Fernández-hizo que Hugo Moyano y Juan Manuel Palacios aparecieran sentados en el despacho del Presidente, donde entraron por segunda vez desde que los santacruceños llegaron a la Rosada. Ya se verá: había que evitar un paro nacional del transporte y para ese tipo de emergencias los gobiernos no tienen problemas de agenda.
De a poco, el Movimiento de los Trabajadores Argentinos se va convirtiendo en la CGT oficial, mientras los «gordos», que gobiernan la central obrera reconocida por el Ministerio de Trabajo siguen en el freezer. A ellos ayer los atendió Rafael Bielsa, quien desciende, demagógico, a recitar algún verso de Almafuerte -poeta al que detesta-, un poco para halagar a un platense como Carlos West Ocampo y otro tanto porque, cómo él mismo dice, «si les zampo Mallarmé se me quedan dormidos» (no sólo los sindicalistas). «¿Dónde dan el carnet de 'progre'?, ¿cuánto vale?», se pregunta Armando Cavalieri, cansado de que le digan «con vos no hay problema, Néstor ya los va a recibir, entendé que está en campaña». Mientras tanto, Moyano entra y sale de la Casa Rosada como si hubiera ganado las elecciones Adolfo Rodríguez Saá (o más, si se tienen en cuenta algunos rasgos de personalidad del puntano).
Es cierto que los sindicalistas de la CGT oficial no tienen la capacidad de presión que tiene Moyano sobre el aparato del gobierno. Es la que sintió De Vido en los últimos días. No porque el líder camionero hubiera golpeado, como hizo, sobre el nivel de desempleo. O porque se lanzara a pedir, como sucedió el martes, que el aumento de salarios dispuesto en el sector privado se extienda también a los empleados del Estado, en obsequio a los afiliados a su central, desde los judiciales hasta el personal de la ANSeS. El arma de destrucción masiva de Moyano es otra y no necesita exhibirla: como sólo sucedió con el secretario general de la UOM en los años '70, este sindicalista representa a una industria más que a un sector laboral. En su caso, la del transporte, casi la única capaz de bloquear el sistema económico como se demuestra actualmente a escala internacional.
¿Está Moyano detrás de los paros que venían programando las organizaciones empresariales del transporte de cargas? ¿Es él quien encendió la mecha, con la mira puesta en la campaña bonaerense, que lo tiene como el verdadero motor de la campaña de Aldo Rico (su hijo va de candidato a diputado, número 5) e, indirectamente, de la de Luis Patti? Sería imaginar demasiado, querer ver debajo del agua. Pero De Vido seguramente piensa así. También Kirchner.
Sólo de ese modo se explica que, en medio de la entrevista del Presidente con los sindicalistas, apareciera también el secretario de Transportes, Ricardo Jaime, con quien Moyano tiene una pésima relación desde los días en que se armó el gabinete. En aquellas horas hubo tratativas y gestos que sólo De Vido y Moyano han de recordar con precisión. Mejor dicho: también el senador por Santa Cruz, Nicolás Fernández, debe tener presente el origen del conflicto.
•Chispazos
Lo cierto es que el jefe del sindicato de camioneros, Jaime y, por extensión, De Vido, se sacaron chispas desde el primer día. Pero después hubo algunas resoluciones que empeoraron más el trato y pusieron a Moyano en la vereda de enfrente. La más polémica fue la eliminación de un subsidio mensual de $ 2 millones para las empresas de transportes de cargas, que comenzaron a hacer ruidos de guerra a través de su federación (FADEAC), que conducen Luis Morales y Marcelo Mugas. La razón para eliminar ese subsidio fue la catastrófica inundación de Santa Fe, pero después se emitió una norma por la cual se le concedía un auxilio a una empresa de pasajeros del Oeste. «Pregúntenle al senador (José Luis) Gioja», dijeron en Planificación cuando se preguntó el motivo de esa ayuda.
A partir de la reunión de Moyano con Kirchner, De Vido y Jaime se emitieron varias versiones ayer. La oficial, que los contertulios se enfrascaron en la discusión de un candoroso plan de viviendas y en los elogios de los dos jefes del MTA a «las medidas que el gobierno viene tomando en favor de la gente». Otro relato afirmaba, a pocos metros del Presidente, que el encuentro sirvió para que retaran a Jaime y le reprocharan una política que terminaría, tarde o temprano, en el primer paro nacional (¿empresario o sindical?; qué importa) contra la actual administración. Si fuera así, el senador Fernández emitiría una discreta sonrisa. Una posición más audaz y optimista consignó a última hora que, gracias a las tratativas que se llevaron adelante en el despacho del Presidente, se logró disipar el peligro de ese paro.
Cualquiera sea la tratativa o el pacto, se verificó lo que se afirmaba desde el primer día de la gestión actual: lo único que le interesa a Kirchner del mundo de los gremios, además de la suerte de su cuñado «Bombón» Mercado con la exportación de aceitunas catamarqueñas, es que no avancen los camiones en su contra. Signo de los tiempos, los «gordos» seguirán siendo almas en pena, atendidos apenas por ministros. Ayer le tocó a Bielsa y hoy a Ginés González García (llorarán juntos la intervención en el PAMI). Sólo falta que a Cavalieri y compañía les pongan una gorra y los manden al desván de José Pampuro, donde mueren los guapos.
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