El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Este nudo entre la Casa Rosada y el Sindicato de Camioneros se suma a otros ya muy llamativos. En este diario se publicó temprano que el gobierno le concedió a Moyano una ventaja extraordinaria en la construcción de su poder sindical: se dispuso a través de una resolución de la Secretaría de Transporte, suscripta también por Roberto Lavagna y Julio De Vido, que las empresas que rubriquen el convenio laboral de ese gremio se beneficiarán con un jubileo de un año y medio en las contribuciones patronales. El subsidio provendrá del Fondo Especial del Gasoil, creado por ley este año. Claro, para que se pueda perfeccionar esta ventaja, los empresarios del transporte tendrán que dotar a su personal de una cartilla de salud especial. Sólo la concede la obra social de Moyano. A esta prebenda hay que sumar otras. Por ejemplo, el papel decisivo de Moyano en la administración de los suculentos subsidios al transporte de cargas, que suman más de 80 millones de pesos por mes. O la instalación, en el segundo escalón de la Secretaría de Transporte, de su propia «mano derecha» en el sindicato, Jorge González. Hay que recordar -sucederá más abajo- que Moyano fue el único sindicalista a quien Kirchner abrió sus listas electorales para que incluya a candidatos a diputados, como el caso del abogado Héctor Recalde, por ejemplo. Son datos que ilustran la dimensión «visible» del pacto negro. Pero en el sindicalismo ligado al camionero se habla también de un costado invisible, que por esa condición el periodismo no puede consignar. Por ahora.
Para que se comprenda el significado de esta nueva designación se requieren algunos detalles.
El APE es la oficina desde la que se reparten los subsidios que reciben las obras sociales sindicales por distintas razones, más o menos objetivas. Desde allí se compensan algunas erogaciones por prestaciones de alta complejidad y se enjuga el déficit que puedan tener algunas entidades, gracias a un fondo de redistribución al que aportan los trabajadores con una parte de su contribución a la obra social a la que están afiliados.
Para cualquier político que comprenda la inserción del sindicalismo en el negocio de la salud, desde esta dependencia se puede disciplinar a los gremios, empobrecer a unos, beneficiar a otros; en definitiva, alinear. No en vano Carlos Menem puso al frente de estas funciones a Luis Barrionuevo, figura clave en la división de la CGT y la organización de un gremialismo oficialista durante los '90, sobre todo en la etapa en que comenzó a discutirse la privatización de empresas de servicios públicos.
Dejá tu comentario