19 de noviembre 2008 - 00:00

Obras sociales: enviado de Ocaña arrancó la depuración

El nuevo superintendente de Servicios de Salud, Juan Rinaldi,comenzó a notarse en su flamante empleo. Separó a funcionariosy hasta cambió el sistema de seguridad de la oficinaque dejó el albertista Héctor Capaccioli.
El nuevo superintendente de Servicios de Salud, Juan Rinaldi, comenzó a notarse en su flamante empleo. Separó a funcionarios y hasta cambió el sistema de seguridad de la oficina que dejó el albertista Héctor Capaccioli.
Juan Antonio Rinaldi no se limitó al abrazo público ante los flashes: trasladó la sintonía con Graciela Ocaña a la Superintendencia de Seguros de Salud (SSS). Apenas desembarcó en esa oficina, confirmó a un discípulo de la ministra de Salud como su segundo.

Se trata de Diego García de García Vilas, la avanzada que «la hormiguita» operó en plena batalla con Héctor Capaccioli, que viene de ocupar un cargo en el PAMI con la ahora ministra pero que aparece, además, ligado a Carlos Tomada y extensiones en el universo sindical.

Rinaldi ratificó a García Vilas como parte de la jugada a dos bandas que compartieron con Ocaña para quedarse con el manejo de la «Súper» donde Hugo Moyano aspiraba a colocar a un hombre de su tropa que no era, justamente, el abogado Rinaldi que ocupaba la APE.

El ex abogado de Camioneros ocupó su oficina y lo primero que hizo fue barrer los vestigios que remiten a los días de Héctor Capaccioli. La acción emblemática fue desplazar a Luis Dávila, cuñado del ex superintendente, que oficiaba de secretario general.

Desplazó, además, al gerente de Asuntos Jurídicos, Horacio Ballesteros y a Juan Carlos Viani, el responsable de Inspecciones. La depuración que arrastró a otros funcionarios figura, en los planes de Rinaldi, como su carta de presentación hacia un nuevo escenario.

Afecto a los gestos simbólicos, mirando que lo miren desde la Casa Rosada y la quinta de Olivos, Rinaldi tomó otra decisión taquillera: expulsó a la agencia de seguridad privada que se encargaba de la custodia de la SSS -mandó a sacar las rejas- y pidió efectivos de la Policía Federal.

  • Broma burda

    En sordina, en la «Súper» hacían ayer la broma burda de que Cappacioli estaba preocupado por la inseguridad. Golpes al caído, nada más.

    De a poco, Rinaldi parece mutar de escudero de los gremios en contralor de los mismos. Cierta sensibilidad del funcionario por el orden en los papeles habría sido el motivo por el cual Moyano, a la hora de proponer nombres para la SSS, se olvidó de mencionar a quien fue su abogado.

  • Otra batalla

    Lo dicen, claro, los defendores de Rinaldi, quienes siguen con atención otra batalla silenciosa: la que se juega, por abajo, y tiene múltiples pretendientes por el control de la Administración de Programas Especiales (APE) que despejó el ahora titular de la «Súper».

    Ese proceso es complejo y vuelve a ubicar a Rinaldi y Ocaña en tándem contra Moyano. Nada está definido. A los suyos, el camionero les anticipó que Néstor Kirchner fue receptivo sobre la necesidad de que un dirigente gremial, referenciado en la CGT, se siente en la butaca vacante de la APE.

    Se verá: ahora, Moyano, cree que la Casa Rosada -mejor dicho, Olivos- está obligado a darle una respuesta positiva luego de que desoyó su sugerencia de ubicar a Oscar D'Onofrio o a Octavio Argüello en la sucesión de Capaccioli.

    El final se conoce: fue Rinaldi con soporte de Ocaña y, a través de ésta, del jefe de Gabinete, Sergio Massa.

    En la SSS, con una lupa, Rinaldi revisará los movimientos de Capaccioli y se presenta como el que «limpiará» un área que apareció intoxicada por una seguidilla de prestaciones truchas y quedó, además, en la mira de la Justicia y la política, por la frecuencia con que droguerías y empresas de medicamentos aparecen como aportantes de campaña.

    Esa cruzada la inició Ocaña y, en el tramo final, se trepó Rinaldi. Ahora socios, nadie sabe por cuanto tiempo. Aunque, eso sí, con enemigos en común.
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