La carpeta es abultada y ya la sacaron a pasear una vez los tesoreros de la campaña de Cristina de Kirchner y el superintendente de Salud, Héctor Capaccioli, no bien se conoció que uno de los asesinados de General Rodríguez -Sebastián Forza- había dado su aporte al kirchnerismo a la vez que su empresa estaba siendo investigada por presunto tráfico ilegal de medicamentos. Los hombres acudieron con toda la papelería al despacho de Sergio Massa, y también con la renuncia de Capaccioli, quien si bien no era formalmente el administrador del dinero para propaganda en 2007, lo era prácticamente. Ayer, para agregar un apartado a la novelesca investigación del triple crimen, se conocieron curiosidades de las recaudaciones en tiempos de campaña.
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«No, Cristina no quiere», aseguran que dijo Massa al dúo a manera de rechazar la dimisión que «Capa» (así le dicen sus amigos) presentaba por tercera vez: la primera fue cuando asumió Cristina, la segunda cuando se retiró Alberto Fernández del gabinete.
Tal vez por estas horas esté interesado en esos datos Néstor Kirchner, quien, en su carácter de titular del PJ, podría conceder una entrevista a esos militantes, que ya se la han solicitado.
Se anota en esos papeles el listado de empresas y empresarios que sumaron dinero a la campaña oficial, los números de cheques y cuándo se cobraron, en una contabilidad clásica de los partidos políticos, que no siempre logra revelar de dónde efectivamente salió el dinero.
Hasta ahora, la empresa de Forza y la del joven suicidado, Ariel Vilán, sumaron $ 360.000 de los cerca de $ 15 millones que tuvo el kirchnerismo para difundir las bondades de la fórmula Cristina-Cobos. Luego se conoció que otra firma, relacionada también con la comercialización de medicamentos, Multipharma, aportó $ 635 mil, sumando $ 310 mil de la droguería, más $ 170 mil a nombre de Carlos Torres y $ 155 mil de Carlos Torresin, que no es más que el primero con el apellido mal escrito, e igual DNI. Esta empresa tiene en común con las otras dos que había librado más de un centenar de cheques sin fondos por más de $ 4 millones (deuda que registra actualmente el Banco Central), pero dispuso de fondos para cubrir el bono de campaña. También otras empresas ligadas al rubro medicamentos estaban en situación de riesgo, pero no así Urbana, una gran droguería que creció a partir de la caída de otra de las mayoristas que compran directamente a los laboratorios, que hace dos años sufrió un robo que le provocó una pérdida de u$s 7 millones. El propio Capaccioli da cuenta de que a esa empresa -Urbana, que sería proveedora de la obra social de Hugo Moyanocomo a otras que aportaron también en la campaña de Néstor Kirchner les conoce colaboración, como también conoce a los representantes de las empresas de medicina prepaga que sumaron a los fondos oficiales sin que sea motivo de dudas.
En cambio, nadie en el oficialismorecuerda haber tenido contacto con Forza y sus $ 200 mil de donación, ni con Vilán ni ninguna otra firma investigada por el Ministerio de Salud por irregularidades en la venta de medicamentos. Pero, ya hay quienes ensayan algunas argumentaciones. Una dice que las droguerías, conectadas a varias obras sociales sindicales, como otras empresas proveedoras de sindicatos, son las que terminan aportando en lugar de los propios gremios, que tienen vetado los aportes a las campañas políticas. Es decir, que crece la sospecha de que el dinero que recibió el kirchnerismo por parte de Forza, Vilán y otros, por cierto no habría salido de sus propias cuentas. Otros ven con mayor sorpresa que alguien que dio uno de los aportes más importantes que figura en la rendición no se haya dado a conocer: «Es así, muchas veces aportan porque alguna relación tienen con el gobierno y otras porque quieren tenerla, como por ejemplo alguien ligado a los medicamentos que necesita acelerar algún trámite», revelaron a este diario fuentes cercanas a los comandos de campaña del oficialismo.
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