País poco serio
El rechazo de la Cámara de Diputados a la incorporación de Luis Patti por el hecho de ser un acusado, sin condena, en la Justicia penal, no sólo trastrocó el orden institucional. También la conducta de muchos legisladores. Dos seguidores de Aldo Rico, por ejemplo, no apoyaron a Patti. La hija del ex coronel faltó a la sesión y aprovechó para pasarse al oficialismo en el Congreso. Un ex sargento riquista votó en contra del diputado electo. Impensable: Rico se levantó dos veces contra la democracia en los 80 para reclamar un indulto para los uniformados acusados como Patti. El ex montonero Miguel Bonasso tampoco luce coherente. Indultado por Carlos Menem por crímenes terroristas, promovió la sanción a Patti. No se le ocurrió renunciar a la banca, a pesar de estar incurso en lo mismo que condena. El ex subcomisario, mientras tanto, bloqueó el ingreso del barrionuevista Dante Camaño con un recurso de amparo judicial.
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Acaso haya que reducir este cambio de conducta exclusivamente a la movilidad extraordinaria de los Rico. En 2003 estuvieron con Rodríguez Saá, lo que permitió que la hija del ex militar ingresara en la Cámara integrándose al bloque subordinado al puntano. En 2005 esa posición se volvió incómoda: era mejor renovar la banca sumándose a la lista del duhaldismo, es decir, a la oferta que, en calidad de aliado, componía también Patti. Ahora, la diputada abandonó esa posición para sumarse a otros mutantes, precisamente los que encabeza Díaz Bancalari. Es posible que quisiera integrarse al Frente para la Victoria, pero allí se reservan el derecho de admisión: lo saben los ex diputados y diputadas duhaldistas, a quienes se les exige votar las leyes a favor del gobierno , pero no hacer pública esa adhesión por razones, al parecer, estéticas. Mortificante asimetría.
Las fisuras y contradicciones que se produjeron en quienes hasta ahora fueron aliados y hasta amigos de Patti no llegan a ocultar otras, del bando supuestamente adversario. El diputado Miguel Bonasso, quien propuso que el ex subcomisario no sea admitido en la Cámara por el solo hecho de estar acusado en causas en las que se investigan violaciones a los derechos humanos (es decir, sin condena), fue en 1989 beneficiario del gobierno de Carlos Menem, el presidente que lo indultó. Este dirigente, a quien debieron suspenderle el partido por su baja representatividad, tiene una sensibilidad por las instituciones que lo lleva a admirar sistemas como el cubano, de Fidel Castro, o el venezolano, de Hugo Chávez. Bonasso fue indultado en la causa « Bavio Gerardo y otros», a pesar de que no había sido condenado, sino procesado (los indultos rigen sobre condenas y por eso se duda de la constitucionalidad de los de Menem). Otra peculiaridad de ese instituto es que no extingue la responsabilidad, sino la pena. A diferencia del sobreseimiento, los indultos no eximen a quien se beneficia con ellos del pago de indemnizaciones a los damnificados.




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