25 de mayo 2006 - 00:00

País poco serio

El rechazo de la Cámara de Diputados a la incorporación de Luis Patti por el hecho de ser un acusado, sin condena, en la Justicia penal, no sólo trastrocó el orden institucional. También la conducta de muchos legisladores. Dos seguidores de Aldo Rico, por ejemplo, no apoyaron a Patti. La hija del ex coronel faltó a la sesión y aprovechó para pasarse al oficialismo en el Congreso. Un ex sargento riquista votó en contra del diputado electo. Impensable: Rico se levantó dos veces contra la democracia en los 80 para reclamar un indulto para los uniformados acusados como Patti. El ex montonero Miguel Bonasso tampoco luce coherente. Indultado por Carlos Menem por crímenes terroristas, promovió la sanción a Patti. No se le ocurrió renunciar a la banca, a pesar de estar incurso en lo mismo que condena. El ex subcomisario, mientras tanto, bloqueó el ingreso del barrionuevista Dante Camaño con un recurso de amparo judicial.

Episodios políticos como el que protagonizó la Cámara de Diputados al impedir el ingreso de Luis Patti como representante por la provincia de Buenos Aires producen semejante tensión que las contradicciones y conflictos se multiplican. Sobre todo, allí donde las estructuras institucionales son más débiles e inestables.

Es el caso del peronismo bonaerense, donde a las incoherencias conocidas se les agregaron otras. Ya se sabe la curiosidad de que dirigentes que quieren tener algún destino prominente en la política nacional, como José María Díaz Bancalari, terminaron por bloquear la incorporación en la Cámara de alguien que iba en sus propias listas en las elecciones de octubre pasado. Ayer se observaron otros «detalles».

Por ejemplo, el riquismo, es decir, los seguidores del ex carapintada Aldo Rico, también se mostraron indignados por el comportamiento que se le imputa a Patti durante los años de la represión. Tanto, que la hija de Rico, María del Carmen («Manuela»), no asistió a la sesión, pero aprovechó los acontecimientos para pasarse al oficialismo desde el bloque que se referencia en Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá.

Jorge Garrido, quien fue sargento del Ejército formado en la escuela Sargento Cabral y también secretario privado del ex coronel, votó en contra de Patti. No es necesario recordar que entre las reivindicaciones de Rico en la Semana Santa de 1987 estaba el indulto a los militares acusados de violaciones a los derechos humanos. Ni que a sus levantamientos se debieron -aunque nunca lo admita Raúl Alfonsín- a la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

  • Increíble

  • Seguramente, Rico se arrepintió en algún momento de aquellas conductas, aunque nunca lo hizo en público, como sucedió con Martín Balza, por ejemplo. Es que resulta increíble la explicación que dan seguidores suyos como Garrido, entre sus íntimos: que hicieron esta vuelta de campana para evitar que prosperen algunas causas judiciales en contra del intendente de San Miguel, Oscar Cirocchi. La justificación empeora lo que se quiere hacer comprender.

    Acaso haya que reducir este cambio de conducta exclusivamente a la movilidad extraordinaria de los Rico. En 2003 estuvieron con Rodríguez Saá, lo que permitió que la hija del ex militar ingresara en la Cámara integrándose al bloque subordinado al puntano. En 2005 esa posición se volvió incómoda: era mejor renovar la banca sumándose a la lista del duhaldismo, es decir, a la oferta que, en calidad de aliado, componía también Patti. Ahora, la diputada abandonó esa posición para sumarse a otros mutantes, precisamente los que encabeza Díaz Bancalari. Es posible que quisiera integrarse al Frente para la Victoria, pero allí se reservan el derecho de admisión: lo saben los ex diputados y diputadas duhaldistas, a quienes se les exige votar las leyes a favor del gobierno , pero no hacer pública esa adhesión por razones, al parecer, estéticas. Mortificante asimetría.

    Las fisuras y contradicciones que se produjeron en quienes hasta ahora fueron aliados y hasta amigos de Patti no llegan a ocultar otras, del bando supuestamente adversario. El diputado Miguel Bonasso, quien propuso que el ex subcomisario no sea admitido en la Cámara por el solo hecho de estar acusado en causas en las que se investigan violaciones a los derechos humanos (es decir, sin condena), fue en 1989 beneficiario del gobierno de Carlos Menem, el presidente que lo indultó. Este dirigente, a quien debieron suspenderle el partido por su baja representatividad, tiene una sensibilidad por las instituciones que lo lleva a admirar sistemas como el cubano, de Fidel Castro, o el venezolano, de Hugo Chávez. Bonasso fue indultado en la causa « Bavio Gerardo y otros», a pesar de que no había sido condenado, sino procesado (los indultos rigen sobre condenas y por eso se duda de la constitucionalidad de los de Menem). Otra peculiaridad de ese instituto es que no extingue la responsabilidad, sino la pena. A diferencia del sobreseimiento, los indultos no eximen a quien se beneficia con ellos del pago de indemnizaciones a los damnificados.

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