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27 de julio 2007 - 00:00

Paralelas que se juntan sólo en la imaginación

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Las paralelas se juntan en el infinito, es decir, en la imaginación. Ayer, el infinito quedó en Corrientes y Callao, frente al edificio del Congreso, a raíz de una concentración convocada por organizaciones kirchneristas y filoguevaristas para conmemorar el 55º aniversario del fallecimiento de Eva Perón y los 54 años del asalto revolucionario cubano al Cuartel Moncada, que inició el proceso insurreccional contra el régimen del sargento Fulgencio Batista con el Che Guevara como uno de sus dirigentes.

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Hay poco que vincule a Evita (la proletaria «abanderada de los trabajadores») con Ernesto Guevara Lynch, el desclasado hijo de una aristocracia decadente a quien, de acuerdo con la clásica biografía de Hugo Gambini, «si lo hubiese imaginado, seguramente le habría dado fastidio encarnar a un personaje de leyenda para la aristocracia, mientras él soñaba con una revolución social». Pero eso parecía ser indiferente a la muchedumbre de 300 o 400 personas que ayer, bajo un sol peronista, pero frío, y el lema «El amor y la fuerza», se congregaron ante el Congreso, con clara reivindicación del igualmente anómalo eje Eva-Cristina, y que a comienzos del acto ni siquiera respondieron a la consigna «el que no salta es un macrista».

Pero luego, con los discursos centrales, las cosas se fueron calentando. Para Luis D'Elía, uno de los convocantes del acto, «las caritas de Evita y del Che aparecieron en cada una de las manifestaciones de la resistencia al modelo liberal en los años 90: en cada organización social, en cada barrio que resistía, aparecían trapos con la cara de Eva y del Che. Son una síntesis cultural-de las reivindicaciones de los pueblos». El dirigente piquetero, figura central de un acto integrado por una panoplia de organizaciones kirchneristas, declaró su «fuerte reivindicación de los cuatro años de Kirchner como proceso de acumulación para nuestro pueblo» y lanzó su «fuerte compromiso con la candidatura de Cristina», aunque marcó lo que falta: «La distribución, en un país con 11 millones de pobres y un millón de indigentes». No logró, pese a lo anunciado, que lo acompañaran Hebe de Bonafini ni el «Magaldi» del kirchnerismo, Carlos Kunkel. D'Elía describe a la dupla Evita-Che como «un símbolo de lo que la historia no hizo, pero hicieron los pueblos». Es decir que son una síntesis del fracaso: la muerte de Eva Perón coincidió claramente con el inicio de la descomposición y la caída final del régimen de su marido, mientras el proceso revolucionario cubano terminó en una tiranía patéticamente dependiente primero de los subsidios de la ex Unión Soviética (a través de los precios preferenciales del azúcar) y ahora de Venezuela (a través de los subsidios petroleros). No hay mucho que reivindicar aquí, salvo (para seguir las palabras de D'Elía) «lo que hicieron los pueblos», fuera esto lo que se quiso decir.

Pero, en fin, símbolos son símbolos, aunque no guarden mayor vínculo con la realidad, y la anómala dupla Evita-Che sirvió ayer su propósito. Colectivos provenientes del Gran Buenos Aires descargaron prolijamente su tropa ante la recepción y el aplauso de los oradores, que vieron gradualmente coreadas sus consignas por la muchedumbre. Lo cierto es que el rebelde «cheto» de Palermo y la actriz radioteatral de Los Toldos parecen haberse fusionado en el tiempo en un singular sincretismo que sirve como una carpa bajo la cual puede encontrar refugio cualquier humillado y ofendido de la historia.

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