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26 de diciembre 2007 - 00:00

Pese a visita de Cristina, obispos duros

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Jorge Bergoglio pidió «acabar con la soberbia» y reclamó humildad y sencillez» durante la homilía de Nochebuena en la Catedral.
El cardenal primado, monseñor Jorge Bergoglio, reclamó «humildad y sencillez» a la sociedad y cuestionó que en la actualidad «sólo se reconoce la soberbia», al encabezar la tradicional Misa de Gallo en la Catedral metropolitana. El prelado eligió esta homilía tras entrevistarse la semana pasada con la presidente Cristina de Kirchner en la Casa Rosada, reunión que se evaluó como un fuerte gesto de ambas partes en pos del restablecimiento del diálogo entre la Iglesia y el gobierno.

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De hecho, ese encuentro llegó tras más de tres años de roces entre la institución católica y la administración kirchnerista.

Si bien tras la reunión no fue pautada ninguna otra audiencia «en lo inmediato», las partes acordaron mantener el reactivado canal de diálogo a través de la Secretaría de Culto, y los distintos ámbitos a nivel provincial y municipal.

Sin embargo, ese acercamiento fue considerado por el referente de la Iglesia Católica argentina como «protocolarmente bueno», relativizando de algún modo la trascendencia política que pudiera tener el restablecimiento del diálogo con la Casa Rosada.

«El signo de Dios en este mundo es la humildad, la pobreza y la sencillez, mientras que el mundo sólo reconoce la soberbia y el aplastarle la cabeza a los otros», sostuvo el arzobispo de Buenos Aires durante la homilía de Nochebuena ante decenas de fieles, religiosos y obispos auxiliares.

En ese contexto, Bergoglio pidió «reconocer los signos del tiempo» y, al recordar algunos pasajes del Evangelio, señaló: «Jesús habló de reconocer los signos del Cielo y les reprochó que no sabían reconocer los signos de los tiempos».

Desde la asunción de Néstor Kirchner, el 25 de mayo de 2003, no había habido una reunión formal entre el titular del Ejecutivo y la máxima autoridad de la Iglesia. El primer incidente serio entre las partes había tenido lugar en marzo de 2005, luego de que Kirchner le pidiera al Vaticano el relevo de su cargo del obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, por sus críticas a la políticas en materia de salud sexual del ministro Ginés González García.

Baseotto había dicho que el ministro debía ser «arrojado al mar» por promover una campaña de reparto de preservativos y manifestarse a favor de la despenalización del aborto, lo que despertó una oleada de críticas en el oficialismo.

En sintonía con Bergoglio, obispos de todo el país expresaron mensajes con motivo de las fiestas navideñas en los que llamaron a promover el diálogo y exhortaron a reconocer a Jesús en «los hermanos más pobres y desamparados».

El arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Villalba, consideró «indispensable que entre todos los ciudadanos y sectores de la sociedad tucumanase entable un diálogo fecundo que lleve a acuerdos fundamentales en orden a buscar sinceramente el bien común».

Por su parte, los obispos de Jujuy y de la Prelatura de Humahuaca, Marcelo Palentini y Pedro Olmedo, exhortaron a reconocer a Jesús «en el hermano pobre y desamparado».

En tanto, el obispo correntino de Goya, monseñor Ricardo Oscar Faifer, pidió salir al encuentro «de un Jesús de carne y hueso en el rostro de los hermanos y hermanas que sufren», como «los pobres afectados por una globalización sin solidaridad que los convierte en excluidos, sobrantes y desechables».

El obispo de San Luis, monseñor Jorge Luis Lona, destacó que «cada Navidad es un renovado regalo de fe que nos ofrece Dios», aunque lamentó que «el ambiente que nos rodea trata de convencernos de que es sólo un gran festejo de fin de año, olvidado de Dios».

El obispo de San Rafael (Mendoza), monseñor Eduardo María Taussig, recordó que «el Señor desea encontrar nuestros corazones como pobres pesebres llenos de miseria, pero disponibles para el amor de Dios que viene, nuevamente, sin cansarse, a la búsqueda del amor del hombre».

A su turno, el obispo de San Francisco (Córdoba), monseñor Carlos José Tissera, llamó a preguntarse frente al pesebre si «compartimos el proyecto de Dios, mostrándonos cada uno en su familia, en su comunidad cristiana, en el campo de la política y del trabajo».

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