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El hecho de que el actual presidente de la Nación no pueda reprimir en su oratoria pública las frases altisonantes -sean dichas ante mandatarios, como en Montevideo, o ante cualquier reunión de gente, como hace dos días en La Matanza- está afectando su imagen y muestra un afán de popularidad exagerada que podría responder a hechos dramáticos. Enfervorizar con discursos calientes a unos miles de personas no tiene rédito político si desdibuja al mandatario ante millones de ciudadanos.
Se nota inclusive en el humor. El tan serio diario «The Buenos Aires Herald», frente a su referencia boxística, tituló ayer su primera página: «
Aun los que distan de considerar santos a los norteamericanos coinciden en algo: Néstor Kirchner no puede ir a Bolivia y alentar al caudillo de izquierda indígena Evo Morales contra el gobierno allí e ir a Uruguay y hacer lo mismo con el Frente Amplio del moderado pero político de izquierda Tabaré Vázquez contra el actual presidente, Batlle. Luego permitir que su canciller, Rafael Bielsa, se entreviste en Cuba sólo con el gobierno dictatorial de Fidel Castro y se niegue a hacerlo con figuras de la oposición.
Es obvio que, con actitudes así, tiene que haber reacciones externas salvo que al gobierno argentino se lo acepte como incoherente o adolescente encaminado a sacrificar con locuras el país. Penoso lo que sucede.
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