La prepotencia piquetera nuevamente se hizo notar ayer en la plurioficialista Plaza de Mayo decorada para la ocasión, por el aparato kirchnerista.
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Sin corridas ni pedradas, los manifestantes sin embargo resaltaron su patoterismo esta vez cuando no bien comenzado el discurso de Cristina de Kirchner, cercaron cual si fueran etnias separadas de la multitud su lugar, e impidieron el paso de aquellos que querían acomodarse en una mejor perspectiva para escuchar la oratoria de la Presidente.
No todos los parlantes ubicados en lugares estratégicos de la Plaza ayudaban a entender lo que decía la mandataria. Molestos por esto, varios de los allí presentes comenzaron a caminar entre diversos grupos gremiales y piqueteros para acercarse al escenario presidencial. Ante el encuentro con los líderes de esas agrupaciones que rodeaban su manada impidiendo que se filtren otros ciudadanos, éstos debían conformarse con atravesar la Plaza por otro camino.
Tanto Barrios de Pie como Libres del Sur (organización comandada por el piquetero K, Humberto Tumini), frenaban el paso a los que habían asistido al acto tal vez, hasta por curiosidad.
Desafiantes
La entrada de esas organizaciones por San Martín y Diagonal Norte fue bastante desafiante. Un disfraz de gorila, con un cartel en el pecho que decía «soy del campo», fue junto a los cánticos contra la sociedad rural, una de las tantas postales que se repitieron a lo largo de su estadía en la Plaza.
Sin embargo la gran cantidad de gente asestada en las escalinatas de la Catedral los aplaudió.
«Convivencia y diálogo», habían sido los continuos llamados desde el palco presidencial por parte del cómico «Coco» Silly, ya habitué de los actos kirchneristas. De todas formas parece que esta vez y como tantas otras, los piqueteros no le prestaron demasiada atención.
En tanto, distintos movimientos de diferentes lugares del conurbano también estuvieron presentes. Los más cercanos a las huestes de Hebe de Bonafini, provenientes de Villa Soldati, se exaltaron cuando la titular de la Fundación Madres entregó su pañuelo, en un gesto simbólico, a la esposa de Néstor Kirchner. Entendible teniendo en cuenta el holding empresarial que las Madres (no todas, ya que la Línea Fundadora comandada por Marta Vázquez no está involucrada) están desarrollando en esos barrios del conurbano, con construcción de viviendas, dictado de clases en universidades propias y hasta jardines maternales organizados por Bonafini.
«Señores del campo, vinimos solos, no nos pagó nadie», rezaba un cartel que sostenían desde esos movimientos.
Las Madres y las Abuelas habían subido al escenario 40 minutos antes de que comenzara el cuarto discurso presidencial en una semana. Entre abrazos y saludos con los presentadores del acto aguardaron la entrada de la ex primera dama, quien se encargó al final de saludar a Bonafini, así como también a Estela de Carlotto, evitando así diferencias, tal como ya lo hiciera a fines de noviembre pasado en un acto en la ESMA, cuando subió a ese escenario tomada de las manos de las representantes de organizaciones defensoras de derechos humanos.
Por otro lado durante la desconcentración, se escucharon intercambios de insultos entre piqueteros que se iban de la Plaza y aquellos que veían la desmovilización desde sus balcones.
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