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No eran más de 3.000 activistas, agolpados a un costado de una multitud de 90 mil personas, repartidos en dos columnas separadas, con jefaturas independientes: una la encabezó Informate más
Y, sobre todo, con premisas diferentes de las que, desde la escalinata promovió Blumberg y en la plaza avalaban, en un coro, que sin microsfletados ni capitanía política, llegaron desde barrios porteños, el conurbano y el interior del país, para plegarse a la cruzada por Axel.
De todos modos, en un punto, los piqueteros se emparentaron con
Por eso, cuando salían hacia Plaza de Mayo, donde un rato después tendrían su propia concentración, con banderas e identificaciones políticas, lo hicieron coreando una consigna recurrente:
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