El imaginario antikirchnerista proyecta un 2009 electoralmente dramático para el gobierno: una sucesión, implacable, de derrotas en las urnas en gran parte del país. Se trata, claro, de los pronósticos -mezcla de deseos y sondeos- de los PJ que se iluminan ante la inminencia del fin de la era K.
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Sin embargo, algo no encaja. La mayoría de los caciques territoriales del peronismo que se paran en la vereda de enfrente de los Kirchner auspician fracasos escalonados de los pingüinos, pero no tienen, en agenda, competir en las legislativas del año próximo. El caso de José Manuel de la Sota es emblemático.
El cordobés tiene decidido no pelear por una banca del Senado por su provincia. Es incompatible, arguye, con su diseño presidencial. Sin embargo, como De la Sota, ni Jorge Busti, ni Juan Carlos Romero, ni Eduardo Duhalde, por citar algunos, estarían en las boletas de 2009.
La hipótesis de un kirchnerismo vulnerable en las urnas muestra esa contracara. Si las legislativas del año próximo son el turno para asestar un golpe brutal a las fantasías de perpetuidad de los Kirchner, ¿por qué ninguno de los promotores de la disidencia rehúsan, en principio, poner sus nombres para enfrentarlos?
Caso por caso
Aquí y allá exponen razones, aportan elementos, revelan intenciones. Lo cierto es que casi la totalidad de los jefes rebeldes no tiene previsto imprimir sus nombres en las listas parlamentarias. Veamos caso por caso:
Eduardo Duhalde. Ha dicho, a modo de amenaza, que si Néstor Kirchner se anota en 2009 para pelear por una senaduría nacional por Buenos Aires, él se inscribirá en la competencia. Pero, así mismo, interpreta que el patagónico no jugará en ese pulseada que requería, además, de las renuncias definitivas de Eric Calcagno y Graciela Ocaña a la senaduría para forzar una nueva elección. Si ese escenario no se produjese, Duhalde apostaría como candidato a diputado por Buenos Aires, a Francisco de Narváez.
Jorge Busti. El entrerriano es diputado provincial, preside la Cámara de su provincia y es, en la práctica, un gobernador paralelo a Sergio Urribarri, heredero que le mordió la mano. Busti sostiene que su mejor negocio es permanecer en la provincia y por lo tanto descarta, al menos por ahora, competir el año que viene por una banca nacional. Quiere, en realidad, volver a la gobernación en 2011 o, eventualmente, anotarse como vicepresidente. Si tiene que elegir, opta por lo primero.
Felipe Solá. Es diputado nacional y comenzó a armar un esquema para, sin decirlo, aspirar a 2011. Tiene decidido no ser candidato en 2009 salvo que se vuelva necesario para los Kirchner y éstos lo tienten con alguna candidatura de peso. ¿Descarta volver, por la revancha, a la provincia en 2011 si no tiene espacio para una presidencial? En el planeta Felipe todo vale. Los disidentes no lo imaginan parte de su espacio.
Carlos Reutemann. Los díscolos lo ven socio de los Kirchner en 2009 y con pretensiones de volver, dos años después, a competir por la gobernación contra Hermes Binner. Lole descartó buscar una banca el año próximo. De hecho, es senador nacional por Santa Fe.
Otro que sueña con la revancha en su provincia es Juan Carlos Romero aunque, sin apuro, no pierde de vista la opción de volver a integrar una fórmula nacional. Desde la Casa Rosada lo tientan para restablecer relaciones. Los Rodríguez Saá, uno gobernador, el otro senador, tampoco estarán en las boletas en 2009: su provincia elige diputados.
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