Se ha dicho: el combustible del peronismo son las peleas internas (no tanto las elecciones internas). Y las que proyecta para el 30 de noviembre el PJ bonaerense no son la excepción. Esa primaria despabiló a la tropa que se apura a planear candidaturas, produce rupturas y algunas mudanzas de piel.
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Con la orden de Néstor Kirchner de organizar la renovación de la cúpula del peronismo de Buenos Aires para la última parte del año, comenzaron los movimientos. Y hay de todos los gustos: algunos que sueñan con volver, matices que estallan y cambios de bando.
Candidato con la bendición de Olivos, el vicegobernador Alberto Balestrini empezó una ronda por la provincia para sumar voluntades -estuvo, el sábado, en Mar del Plata- y seguirá con ese recorrido mientras, como ya contó este diario, un grupo amaga con desafiarlo.
Pero, en paralelo, en los distritos hay sacudones. Veamos algunos ejemplos:
Desplazado de su cargo por el Concejo Deliberante, y a la espera de una resolución de la Suprema Corte de Justicia bonaerense -que puede ratificar su destitución o devolverlo a la intendencia- Roberto Porretti disfruta un supuesto operativo clamor de dirigentes del PJ de Pinamar para presentarse, en noviembre, como candidato a presidir el peronismo local. Ese lugar, en la actualidad, lo ocupa Hugo Ferragut, que quedó al frente del partido luego de que un plenario desplazó a Horacio Errasquin. Porretti, que cuenta con la asistencia reservada de sectores del FpV bonaerense, entre ellos de Carlos Kunkel, se anotará para competir por el control del PJ y quizá deba enfrentarse, en ese trámite, con su ex socio político y luego promotor de su expulsión, Rafael de Vito, ahora alcalde en ejercicio. Para antes de la primaria del PJ podría haber una resolución de la Corte respecto de la situación de Porretti, dictamen que se espera para fines de octubre o principios de noviembre. Un duelo, mano a mano, entre Porretti y De Vito sería otro round, ahora en las urnas, de la batalla política y mediática que los enfrentó y que terminó con Porretti detenido y De Vito convertido en intendente.
Molestos porque el regreso al PJ -que se coronó con la designación de Emilio Pérsico como secretario de Organizaciones Sociales del Consejo Nacional del partido que preside Kirchner- no se traduce en espacios para el Movimiento Evita en el plano provincial, ese grupo amenaza con presentaruna boleta antagónica a la que encabeza Balestrini y busca, todavía sin éxito, convencer a Felipe Solá para que los acompañe en esa cruzada. Desde sus propias filas, el Evita ya tiene disidencias: una rama del M-E que controla Pablo Vera, funcionario de la intendencia de Avellaneda a cargo de Baldomero «Cacho» Alvarez, se opone a la decisión que empujan Pérsico y Fernando «Chino» Navarro de desafiar a Balestrini y, por extensión, a Kirchner que fue quien proclamó anticipadamente al matancero como futuro jefe del PJ. Vera, con base en el conurbano sur, y secretario de Relaciones Internacionales del Evita, advierte que la determinación de Pérsico y Navarro no tiene el respaldo de «las bases» -una figura siempre abstracta- y cuestiona esa acción que, a decir verdad, todavía está en el terreno de los supuestos. Un dolor de cabeza para Pérsico: mientras trata de sumar aliados fuera de su tribu, sus propios lugartenientes lo desafían y rehusan subirse al ring.
El hábito de las lealtades lábiles suma capítulos en otros territorios. Tomar la Ruta 2 y luego la 74 para llegar hasta la Capital del Ternero, Ayacucho, donde Francisco de Narváez parece haber encontrado al primer intendente « propio» en la provincia de Buenos Aires. Darío David, peronista ortodoxo, que allá lejos y hace tiempo escoltó a Herminio Iglesias, prestó su territorio -y estuvo presente- para una cumbre de la Unión Celeste y Blanco, que en la sección coordina Alfredo «Tati» Meckievi, ex intendente de Dolores. Allí para mostrarse con De Narváez estaba María Cristina Di Rago, consejera del PJ, vinculada a Juan Garivoto y el ex intendente de Maipú, Gustavo Bozzano. David fue el único intendente de la Quinta Sección, del PJ-FpV, que no asistió dos semanas atrás a Olivos para una charla con Néstor Kirchner. El viernes blanqueó, en principio, su alineamiento con De Narváez aunque unas pocas horas después estuvo en el hotel Dorá, en Mar del Plata, durante un encuentro organizado por Balestrini para tratar de conquistar apoyos que vayan más allá del « dedazo» K. «Yo apoyo a Balestrini porque es peronista y nunca me fui del peronismo», explicó David su doble pertenencia para anticipar, además, que competirá por la jefatura del PJ de su distrito donde lo irrita un ultra K, el diputado Luis «Vasco» Ilarregui, amigo y contertulio de Balestrini desde que ambos, a fines de los 90, coqueteaban con el duhaldismo crítico y luego, por vías diferentes, arribaron al kirchnerismo.
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