El paro docente nacional de ayer no sólo alimentó las sospechas de intencionalidad política contra el candidato Jorge Sobisch, sino que tensionó la vida interna del gremio que conduce el kirchnerista Hugo Yasky, reelecto al frente de ese sindicato el mes pasado en medio de una polémica por denuncias de fraude.
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En concreto, los dirigentes de ATEN, la representación sindical neuquina, llegaron a Buenos Aires y movilizaron sus fuerzas a regañadientes de la mayoría. Sólo la memoria y el reclamo de justicia por el maestro Carlos Fuentealba activaron la adhesión.
También en Santa Cruz, provincia de amplio protagonismo este año, los docentes aglutinados en ADOSAC cuestionaron la convocatoria -aunque se sumaron- por considerarla «oportunista». Y lamentaron que Yasky no haya convocado a una medida similar cuando el agresor Daniel Varizat atropelló con su camioneta a una veintena de maestros, uno de los cuales resultó con heridas de gravedad.
Inicialmente, ambas agrupaciones habían cargado contra el líder sindical por su pasividad frente a los reclamos por subas salariales y, por ende, por su adhesión a la cuestionada Ley de Educación.
Rol determinante
Aquel conflicto embrionario estalló en sucesivos paros y medidas de fuerza en más de la mitad del país con epicentro, claro, en las provincias patagónicas. La muerte de Fuentealba jugó allí un rol determinante: el 9 de abril, cinco días después del violento choque entre manifestantes y efectivos de la Policía provincial, la CTERA convocó a un paro nacional al que los propios maestros neuquinos tildaron de «tardío».
«Es una vergüenza que Yasky necesite de un muerto para hacer un paro. A principios de año, ocho provincias llevamos a la CTERA el mandato para un plan de lucha unificado, pero nos dijeron que no; el problema es que los dirigentes como Yasky dependen de los aparatos partidarios; él fue afín al gobierno nacional en los inicios del menemismo, levantó la carpa blanca con De la Rúa y ahora está con Kirchner», declaraba entonces Silvia Venero, secretaria adjunta de ATEN.
En Santa Cruz, la jornada de homenaje a Fuentealba reavivó el malestar de la combativa Asociación de Docentes de Santa Cruz con la conducción nacional de CTERA.
«Dirigen los cañones contra Sobisch, pero parece que la violencia de Estado que se ve en Santa Cruz no es igual de grave porque es la provincia del Presidente», aseguraron ayer desde el gremio.
La inquina sindical es doble, ya que en este caso el sujeto agresor no fue un policía provincial sino nada menos que el ex ministro de Gobierno Varizat, un ultrakirchnerista que sorprendió a propios y ajenos el pasado 17 de agosto al embestir con su camioneta a un grupo de maestros, a pasos de un acto en Río Gallegos que era encabezado por la pareja presidencial.
«En la conducción nacional de CTERA argumentan que aquí no hubo un muerto, pero no lo hubo por milagro y una docente quedó gravemente herida», enfatizaron, en referencia a Marta Guillarmaz. El gremio local pretendía que Yasky extendiera el paro de ayer hasta hoy, para anexar al reclamo la exigencia de un castigo contra Varizat.
El encono fue hecho público incluso en un tramo del discurso del dirigente Eduardo James, en el marco de la caravana de vehículos que los maestros realizaron ayer hasta la Escuela de Policía, en las afueras de Río Gallegos, donde se encuentra detenido Varizat ( procesado y con prisión preventiva).
La consigna del acto fue múltiple: no sólo exigieron «juicio y castigo» a los responsables de la muerte del docente neuquino, sino también idéntico planteo respecto de Varizat.
También reclamaron que el ex funcionario sea destinado a una «cárcel común», además del « retiro inmediato de Gendarmería».
ADOSAC cumplirá hoy su segunda jornada del nuevo paro de 48 horas por reclamos salariales, en el marco del cual no se descarta que dispare otro corte de una ruta nacional en Santa Cruz.
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