Duró poco el entusiasmo del gobierno en que el radicalismo aceptaría sentarse a debatir el proyecto de estatización de las AFJP. Creyó la Casa Rosada que el histórico reclamo de la UCR por una nueva reforma previsional bastaría para llevarlos al recinto. Después de haber hablado con Sergio Massa, los radicales renovaron ayer sus críticas a la iniciativa del gobierno. Ayudó también la incertidumbre que se vivió en el Congreso -en opositores y oficialistas- por el impacto no medido de la decisión en los mercados. La UCR critica el proyecto por defectos técnicos y adelantó que en estas condiciones no lo votará. Y sigue exigiendo que se garantice la intangibilidad de los fondos que pasarán de las AFJP a la ANSeS, se eliminen los superpoderes y se modifique el Presupuesto 2009. Pero inclusive tienen dudas de que esos cambios sean suficientes para devolver la confianza.
El Congreso vivió ayer un día de tensiones por el impacto que siguió teniendo en los mercados el anuncio de la estatización del sistema de AFJP. El kirchnerismo comenzó a tomar nota de que no todo su bloque estaría dispuesto a aprobar el proyecto si no se hacen antes algunos ajustes. Al mismo tiempo el radicalismo, que el mismo lunes por la noche había iniciado conversaciones con Sergio Massa para tantear cómo se podía combinar su apoyo histórico a la eliminación del régimen privado de jubilaciones con el anuncio de Cristina de Kirchner que consideran destinado sólo a hacer caja en el Tesoro para afrontar un conflictivo 2009, se apartó de esa línea de diálogo y renovó sus exigencias de modificaciones antes de seguir debatiendo.
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El resultado fue claro: anoche el kirchnerismo en Diputados ya no hablaba de un tratamiento relámpago del proyecto como pretendió la Casa Rosada el martes. Ni siquiera está en condiciones el bloque de Agustín Rossi de garantizar que la ley se vote antes de un mes. Ese es el plazo mínimo que ahora consideran necesario para negociar reformas que todos creen imprescindibles.
En ese tren de llamadas y consultas nerviosas, como suele suceder en estos casos, comenzaron a aparecer imputaciones en el Congreso. Por ejemplo, los propios oficialistas reclamaban en contertulios la aparición de «algún» ministro de Economía que pudiera explicar el porqué de la furia vendedora de bonos y acciones que vivían los mercados.
No sirvieron tampoco para calmar el bloque las explicaciones que ensayó durante toda la tarde el ala ultrakirchnerista de la bancada: «No hace falta garantizar la intangibilidad de los fondos de los aportantes, como piden los radicales, porque la mayoría de los aportes están en títulos públicos, ¿a quien se los vamos a vender?», se dijo en una charla de café.
Esas explicaciones, faltas de cualquier sustento técnico, sólo sirvieron para reforzar la idea que no solamente el proyecto enviado por el gobierno al Congreso tiene fallas legislativas graves, sino que el anuncio no estuvo precedido de un análisis a fondo del impacto que la medidapodía producir. Los problemas se acrecentaron cuando Agustín Rossi se reunió con los radicales Oscar Aguad, presidente de la bancada partidaria y el senador Ernesto Sanz (el más duro ayer contra el proyecto del gobierno) y los kirchneristas Eduardo Fellner, José Pampuro y Miguel Angel Pichetto para intentar acordar un cronograma de tratamiento del proyecto. Ese encuentro no duró más de 15 minutos. Rossi y Pichetto propusieron lo que les pidió el gobierno: que las comisiones de Diputados y el Senado se reunieran en forma conjunta para recibir a los funcionarios -especialmente el ministro Carlos Tomada y el jefe de la ANSeS, Amado Boudou-y de esa forma acortar el trámite.
Imposible un acuerdo: Aguad y Sanz se negaron. Los radicales fueron allí sólo para renovar los reclamos de modificaciones que pretende su partido y que pasan por mejorar el perfil técnico del proyecto, garantizar que el Estado no utilice los fondos de los futuros jubilados para financiar gasto y pagar deuda, que se modifique el Presupuesto Nacional 2009 y se deroguen los superpoderes. «En estas condiciones el proyecto de ninguna forma lo votamos», terminó Aguad ante Rossi.
Situación grave
«La situación es mas grave que con la 125. ¿Quién va a creer ahora en el sistema de las AFJP, aunque el Congreso vote en contra?», dijo Sanz a la salida de esa reunión.
Por la mañana el jefe de Gabinete, Sergio Massa, lo había llamado al radical Gerardo Morales para reanudar la conversación que habían acordado antes que el jujeño, junto a Ernesto-Sanz y Aguad, formalizarana través de una carta la posibilidad de una reunión para discutir sobre la estatización de las AFJP. «¿Está todo bien? ¿Avanzamos con el tratamiento?», fue la pregunta del jefe de Gabinete. «No me apures porque con el apuro no vamos a ninguna parte. Esto es una cuestión estructural y vamos a analizarlo a fondo. Si se trata como un tema ideológico, de alta política pública, estamos de acuerdo en discutir, pero si el gobierno va a ir corriendo para sacarlo en 10 días, que vaya solo», le respondió Morales. «Está bien, después hablamos», le dijo Massa. «Sí, pero tené en cuenta que no podemos hablar de nada si no dan marcha atrás con los superpoderes», terminó el presidente de la UCR. En ese estado quedó lo que hasta un día antes había sido una de las herramientas para el éxito de la ley que el gobierno se había encargado de divulgar: la colaboración del radicalismo por su reclamo histórico de modificar el régimen de AFJP.
Por si quedaba alguna duda que el debate no sería fácil, la UCR decidió luego crear en el comité nacional partidario una comisión que integrarán todos los especialistas radicales en temas previsionales. Recién dentro de una semana cuando ese cuerpo se expida sobre el proyecto habrá un anunció sobre la posición a tomar.
El debate, de todas formas, comenzará el próximo martes cuando Tomada y Boudou abran el plenario de las comisiones de Presupuesto y Previsión de Diputados para arrancar con las explicaciones del proyecto. El miércoles será el turno de los representantes de las AFJP, la CGT y la CTA y el jueves los diputados escucharán a Eugenio Semino, defensor de la tercera edad de la Nación. Para ese momento en el bloque kirchnerista esperan que alguna calma haya vuelto a los mercados para que lo mismo suceda con el ánimo de los diputados oficialistas que ayer quedaron presos también de la histeria financiera.
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