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18 de marzo 2008 - 00:00

Raro método UCR de sumar restando

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Raúl Alfonsín
La conducción del comité nacional de la UCR aclaró ayer que no está dispuesta a abrir las negociaciones con los radicales K para una futura reorganización partidaria. Tras la confusión partidaria que se generó por el llamado de Raúl Alfonsín a tener más flexibilidad con quienes se alejaron del partido, el jujeño Gerardo Morales volvió a atacar desde su provincia: «Ellos reafirmaron la idea de convertir al radicalismo en una colonia del kirchnerismo y ratificaron la jefatura de Néstor Kirchner sobre ese movimiento. No podemos ni empezar a hablar», dijo.

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La pelea, entonces, volvió a estar planteada con el conflicto del radicalismo de la provincia de Buenos Aires en el medio. « Cobos va a seguir en la situación de expulsado en la medida en que siga siendo funcionario del gobierno nacional. Eso es inmodificable», dijo Morales.

El jefe del radicalismo insistió así con que «no se va a levantar ninguna intervención» y que sólo dialogará con los radicales K «que estén dispuestos a formar parte de un partido independiente y autónomo del gobierno».

Decirle eso a un vicepresidentede la Nación es lo mismo que cerrar todas las puertas para el diálogo. La respuesta de Morales tiene mucho que ver con el discurso de Alfonsín el viernes pasado en el acto de cierre de un comité en Caballito.

Allí el ex presidente se mostró en una actitud de apertura hacia los radicales K: «Queremos construir para adelante, queremos encontrarnos de nuevo para luchar por una oposición no obstruccionista. Serán bienvenidos, no les vamos a preguntar qué pasó. Vamos a construir una fuerza radical». Ese discurso es el que sostiene hoy el radicalismo bonaerense que parece siempre más propicio a renegociar posiciones con el radicalismo kirchnerista que capitular ante Margarita Stolbizer. En el comité nacional, donde la resistencia al kirchnerismo es casi la única arma que aún queda en pie, esas definiciones del ex presidente -con quien públicamente Morales no quiere confrontar-cayeron como un balde de agua fría.

En la intimidad, algunos dirigentes mascullaban: «Alfonsín habló de flexibilidad en todos lados menos en la provincia de Buenos Aires. Por eso allí hay un gran conflicto».

El problema en ese distrito es clave para el futuro del partido. No es un secreto que si no se normaliza la UCR en la provincia de Buenos Aires será difícil pueda sobrevivir en el resto del país. De hecho la debacle final partidaria comenzó cuando los candidatos en ese distrito pasaron a no sacar más de 3 %, un número que Stolbizer superó, pero desde la trinchera de la Coalición Cívica.

  • Protagonistas

    Por debajo, la crisis no sólo es protagonizada por Stolbizer, que cada día aparece más cercana a Elisa Carrió. Hace 10 días, bajo la batuta del marplatense Jesús Porrúa, jefe del bloque de senadores provinciales de la UCR, se reunió un grupo de dirigentes e intendentes bonaerenses. Son quienes no responden ni a Stolbizer ni al alfonsinismo provincial. Y aunque mantienen buenas relaciones con Morales, piden cambios en el partido: son los militantes que saben que mientras la generación Storani-Moreau mantenga el control en Buenos Aires nunca podrán aspirar a un resurgimiento de la UCR bonaerense. Por eso la crítica al discurso de Alfonsín que obvia la apertura al diálogo en su provincia natal.

    Para reforzar la posición rebelde, Morales emitió ayer un comunicado, con la firma del comiténacional, donde criticó los primeros 100 días del gobierno de Cristina de Kirchner. Como para fijar posiciones cada día más lejanas de las de Julio Cobos, Pablo Verani o Miguel Saiz, allí se dijo: «Lamentablemente la señora Presidente no ve, o no quiere ver, ni la inflación ni la crisis energética, ni los conflictos con los países de la región en torno al gas o a las papeleras».

    También hubo una crítica a la política de seguridad presidencial: «Ni qué hablar de lo borroso que le resulta el Congreso, institución que no le ocupó ni una línea en su discurso del 1 de marzo o la Justicia, a la que convoca a perseguir genocidas y delincuentes comunes con las mismas armas».

    Ese documento de la UCR será analizado dentro de 10 días cuando se reúna el comité federal partidario para analizar cómo seguir adelante con la renovación de afiliaciones y la política con el radicalismo K que en su encuentro del sábado pasado en Junín se constituyó como una línea interna para pelear por la conducción. El resultado de la reunión, en realidad, ya está dicho. El propio Morales ayer resumió las nulas posibilidades de acercamiento con el gobierno: «En la campaña Cristina de Kirchner usó el eslogan 'El cambio recién empieza», pero sigue rodeada por los más sospechados funcionarios que tuvo su marido, Ricardo Jaime, Julio De Vido y Guillermo Moreno».
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