ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

10 de agosto 2007 - 00:00

Renunció Uberti, primera secuela por affaire de la valija con 800 mil dólares

• Se fue el responsable de peajes y enlace sin cargo de la Argentina con Venezuela. Típico: también lo acosa la desolación familiar. • Inestable situación de Espinosa, el contratante de los vuelos para ENARSA, hombre del influyente Cristóbal López. • Pedirán captura del venezolano por contrabando. También se reconoce un intento de coima: ¿se convertirá en un refugiado ideológico? • Kirchner promete combatir la corrupción y le reclamaría hoy una disculpa pública a su amigo Chávez, cuando se reúnan en Tarija.

ver más
Caras largas ayer en el Salón Sur de la Casa de Gobierno. En un acto en el que debió estar el renunciado Claudio Uberti, Néstor Kirchner mira fijo, Cristina de Kirchner observa sonriendo cómo se amaña Daniel Scioli para abrir un pliego de licitación.Contempla pensativo Julio De Vido.
Sin margen, arrinconado, Néstor Kirchner mandó ayer a echar a Claudio Uberti, vinculado a la valija de casi u$s 800 mil que el sábado se le retuvo a un empresario venezolano que viajó en un avión contratado por el gobierno. La orden la ejecutó Julio De Vido.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dos vuelos, uno hacia Caracas y otro desde Caracas, enmarcan la «novela» política que estelarizó, aunque de manera casi subterránea, Uberti los últimos tres años y que ayer guillotinó, siquiera temporalmente, De Vido por mandato de Kirchner.

Toda una paradoja: el affaire del pasajero venezolano con un equipaje de 790.000 dólares es la coronación traumática de una historia que comenzó a moldearse en el otoño de 2004, a 11 mil metros de altura, cuando De Vido y Uberti hicieron el primer viaje oficial a Venezuela.

  • Misión política

  • Unos pocos días antes -para los que disfrutan de las analogías, también fue un sábado de madrugada, como el arribo del Cessna X- había llegado al país Alí Rodríguez, por entonces presidente de PDVSA, la petrolera venezolana, en misión política: descifrar el enigma Kirchner.

    Los vientos de la providencia suelen soplar de manera azarosa, impredecibles. Y el Presidente se considera un sujeto con suerte, por no decir afortunado, término que puede interpretarse de un modo menos inocente.

    De estada en Buenos Aires, Alí Rodríguez -luego canciller de Chávez, en parte por el «éxito» del vínculo con la Argentina, y ahora embajador en Cuba-ojeó los diarios locales y se detuvo en los titulares que advertían sobre los primeros indicios de una crisis energética.

    Un domingo, en el Sheraton Retiro, el delegado chavista se reunió con emisarios de Kirchner -que, a su vez, debían tratar de decodificar el fenómeno Chávez-y los saludó con una frase musical para los funcionarios.

    -¿Tienen problemas de energía?... - preguntó, protocolar pero cálido, casi campechano, el Alí venezolano.

    -Algunos... producto del crecimiento. Antes nos sobraba gas porque no había industrias, ahora empezó la recuperación y aparecen algunos problemitas -le explicaron, intrigados, los locales.

    -Pero nosotros les podemos dar una mano -los fascinó.

    Menos de 48 horas después, el presidente de PDVSA se reunió con Kirchner en la Casa Rosada y firmó una carta de intención para la compra de fueloil para las centrales hidroeléctricas, por u$s 200 millones, a pagar sin interés, en 10 cuotas y con dos meses de gracia.

    En aquel otoño capitalino, antes de cumplir un año en el poder, el kirchnerismo tuvo su novel aproximación al milagro chavista.

    Una semana más tarde, una comitiva argentina encabezada por De Vido partió hacia Caracas a trabajar sobre el detalle del acuerdo. Por entonces, Uberti era el laborioso jefe de Gabinete del ministro de Planificación, quien se ganó su confianza por su «capacidad de trabajo».

    Del pasaje rumbo a Caracas formaban parte, además de De Vido y Uberti, Daniel Cameron, secretario de Energía; y Martín Redrado, en aquel tiempo encargado de Relaciones Económicas de la Cancillería. Parecían una delegación de jóvenes exploradores hacia un mundo desconocido.

  • Propuesta

    Se atribuye a la imaginación de Redrado la ocurrencia que luego fue la llave de oro del poder de Uberti. Entre comentarios, el economista habría propuesto el esquema de que el dinero por el fueloil vaya a un Fondo Fiduciario para la compra de productos argentinos.

    Los chavistas aceptaron gustosos, acaso convencidos de que los buques con fueloil serían el comienzo de una amistad política sólida y duradera. Así fue. Desde aquel envío, por el Fondo Fiduciario pasaron unos u$s 570 millones. Ese fue el -o uno-reino de Uberti.

    Del frío al calor, Uberti pareció encantarse con los climas menos ásperos que los del Sur: además de Venezuela, comenzó a frecuentar Panamá, donde entabló una relación personal con el presidente Martín Torrijos, que llegó a agasajarlo en su residencia particular.

    Apenas un puñado de años distaban de la radicación del ayer expulsado a Santa Cruz como socio del ingeniero, ahora fallecido, Tomás Fernández, para montar una empresa vinculada a la construcción y las obras públicas, ventanilla que lo acercó a De Vido.

    Más tarde -cuando se disolvió la empresa por la muerte de Fernández-, Uberti se incorporó como funcionario de línea al Ministerio de Economía santacruceño que comandaba De Vido. Con la llegada de Kirchner a Olivos, De Vido ocupó Planificación y lo nombró su jefe de Gabinete.

    Desde ese cargo, «resolutivo e hiperactivo» según los que tuvieron trato laboral con él, Uberti escaló posiciones hasta que terminó -ya como titular del OCCOVI-convertido en un «embajador» informal, o al menos un encargado de negocios, en Venezuela.

    Cuando, ayer, De Vido conpor radio que le pidió la renuncia a su mano derecha porque cometió «un error» al permitir que el empresario Guido Antonini Wilson (mejor dicho, su equipaje) suba al avión que contrató ENARSA por u$s 90 mil, no explicó si al relevardel OCCOVI también lo releva de su otra función: la de mediador sin título ni cargo ante Venezuela.

    «El gobierno procede con autoridad y en salvaguarda de la transparencia y la cristalinidad de lo que deben ser los actos de gobierno», redundó el ministro usando un término que suele usar Kirchner quizá sin saber su significado específico: la cristalinidad es un proceso que endurece los elementos pero, a su vez, los hace más quebradizos.

    Algo de eso parece estar ocurriendo en su gobierno.
  • Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias