Siempre sigiloso, con hábitos de cero exposición casi monacales, Juan Rinaldi se convirtió ayer en la estrella, el más besado, en la cumbre de la CGT. Fue a florear su designación como nuevo superintendente de Seguros de Salud, un cargo que reviste el rango vaticano para los gremios.
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Se mostró con Hugo Moyano, la figura sindical a la que el flamante sucesor de Héctor Capaccioli debe, al menos indirectamente, su entronización en «la Super». El camionero fue quien lo promovió a APE y este lugar fue clave para aparecer en el radar de los Kirchner.
Sin embargo, el ascenso de Rinaldi no es lineal ni se explica pura y exclusivamente por su pasado junto a Moyano. Es más: el camionero tenía dos candidatos propios, que hizo llegar a los oídos de Néstor Kirchner, para ser designados como titulares de la SSS.
Uno fue Octavio Argüello, cacique de Camioneros de la zona oeste, ex diputado provincial, y ahora portador de una banca en el Congreso nacional. Argüello fue el único casillero que el patagónico le cedió al sindicalismo y Moyano lo ocupó,como es habitual, con un hombre de su riñón.
No fue el único intento por colocar, en la cima de «la Super», a su propio Paladino: postuló, también, al doctor Pedro D'Onofrio. Ninguno prosperó porque, en un juego de espejos, Graciela Ocaña, Sergio Massa y el propio Rinaldi se complotaron para quedarse con el sillón vacante.
Relato lineal
El proceso puede relatarse de un modo lineal: ante la situación insostenible de Capaccioli, agravada por la investigación que revela la existencia de prestaciones inexistentes, Massa fue invitado a pedirle la renuncia al albertista y se movió en tándem con la ministra de Salud.
Rinaldi, que aunque sobrio no descuida los vínculos con protagonistas esenciales, detectó ese circuito y se dedicó a fascinar a Ocaña. Tuvo un argumento: fue él mismo quien la proveyó de elementos para desnudar la red de droguerías con procedimientos irregulares.
En ese punto, a pesar de que Rinaldi aparece no como denunciante sino como denunciadoen algunas actuaciones, el flamante titular de la SSS y la ministra de Salud entablaron una empatía que permitió, en principio, su desembarco en «la Super» y que tendrá como prueba de fuego si logra fusionar con ese organismo el APE que venía controlando.
Rinaldi tiene en carpeta más elementos para alimentar la cruzada de Ocaña contra el circuito farmacéutico irregular, pero meter la mano en esa bolsa implica, casi inevitablemente, salpicar a obras sociales sindicales. Es decir, a gremios; es decir, a sus amigos. Es más: la causa que se tramita en la Justicia refiere, en principio, a prestaciones «truchas» por siete millones de dólares, pero en poder de Rinaldi hay elementos y constancias que elevarían la cifra comprometida por encima de los 150 millones de dólares.
De los brazos de Moyano, en un pestañeo, Rinaldi parece haber encontrado un nuevo amigo en el gobierno que, a simple vista, parece ser Ocaña pero, en realidad, la terminal última es otra: el jefe de Gabinete, que ayer, tras una temporada de abstinencia televisiva, regresó a escena junto con Moyano.
Un motivo por ahora inconfesable explica que, en principio, Moyano haya preferido a otro antes que a Rinaldi como sucesor de Capaccioli. Esa misma razón explica por qué el abogado decidió rastrear otra vía, paralela a la del camionero, para ser designado.
Hay, en tanto, cuestiones abiertas. Entre los subsidios y prestaciones supuestamente «truchos» que investiga la Justicia un seguimiento puntual y atento podría incomodar a Moyano. Un hecho simple: fondos para programas de prevención que operaron, en teoría, a través de la CGT, no aparecen justificados.
Rinaldi no tendrá, desde la SSS, que oficiar como juez o como pesquisa pero podrá aportar elementos, o detectar la ausencia de éstos, para comprobar desmanejos.
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