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Alberto es la persona más gravitante en el sistema de decisiones de Adolfo Rodríguez Saá y eso le da más gravedad a la mesa que hoy debe compartir con el adversario más ácido de su hermano, el canciller Carlos Ruckauf. En panel de hoy lo completa el candidato Ricardo López Murphy y los tres deben exponer ante el auditorio del Council sobre sus percepciones sobre el futuro político de la Argentina.
El coordinador de esa mesa es el periodista Andrés Oppenheimer, quien escribió en su columna del «Herald» no hace mucho que una eventual presidencia de Rodríguez Saá podría incorporar a la Argentina en un «eje del mal» integrado por el Brasil de Lula, Venezuela de Chávez y, naturalmente, la Cuba de Castro.
Por eso a «Alberto», que viaja acompañado por el jefe de campaña Luis Lusquiños, el público le leerá los labios sobre varios temas.
El canciller no la tiene fácil; dudó de asistir porque teme que Alberto use esa tribuna para internacionalizar la denuncia sobre el golpe institucional que sacó a su hermano del poder en enero. La historia oficial del adolfismo dice que esa salida fue precipitada por una traición política de Ruckauf. Si en la mesa hay paz, ese encuentro dará lugar a otras especulaciones que ya circulan en Buenos Aires y que relatan las instancias de algún acuerdo entre el canciller y algunos adolfistas del cual es prensa su lugarteniente Esteban Caselli.
Movedizo como es, «Rucucu» juega su futuro en varios tableros. Retomó relaciones con algunos flecos del menemismo, cercanos a Eduardo Bauzá, y teje los términos de alguna paz. Por ejemplo, acordar y cobrar barato, lo que puede ser pedir una embajada de poca monta, por caso la representación en la ONU.
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