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2 de marzo 2004 - 00:00

Saludos en el vallado para ocultar ausencias

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Como algunos cantantes de rock, Néstor Kirchner volvió a abalanzarse sobre la multitud a la salida del Congreso. Nervioso, Daniel Scioli se preocupó de que el Presidente no sufriera magulladura alguna como en excursiones anteriores. Muchos micros contribuyeron a la espontaneidad de la movilización de ayer en respaldo del Presidente. No obstante, la concurrencia estuvo lejos de las 25 mil personas prometidas.

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El acto estuvo lejos de las 30 mil personas que los punteros políticos aspiraban a juntar.

Una gran bandera argentina que rezaba «Primero la Patria» plantada en primera fila y frente al Congreso intentó pintar un paisaje de fiesta adornado por la siempre atractiva fanfarria del Regimiento de Granaderos.



Esta vez el operativo de seguridad se vio en toda su magnitud. Unos 1.000 efectivos de la Federal fueron apostados en un amplio perímetro que partió desde la avenida 9 de Julio y se extendió hasta la calle Combate de los Pozos abarcando Belgrano y Mitre.

El aparato bonaerense sembró de colectivos de línea de la zona sur y micros escolares las manos norte y sur de la avenida 9 de Julio, mientras el furioso y rutinario sonido de los autos se mezclaba sumiso con el batir de bombos y el estruendo de cohetes morteros inspirando una danza de banderas blanquicelestes. Si hasta la «estación Congreso» de la línea de subterráneos A, quedó fuera de servicio para evitar que los impacientes rompieran el riguroso control de la seguridad presidencial.




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