Daniel Scioli no es, todavía, candidato en Buenos Aires pero ya es bonaerense. Días atrás, el vicepresidente hizo el cambio de domicilio desde la Capital a la localidad de Benavídez, en el partido de Tigre, al norte del conurbano que, quizá, tendrá que gobernar dentro de algún tiempo.
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Apurado, Scioli hizo el trámite para ser incluido en los padrones de la provincia de Buenos Aires. No quiere repetir el «papelón» de Cristina Fernández que en 2005 fue candidata bonaerense pero aparecía inscripta para votar en «su» provincia: Santa Cruz.
Con eso, el vicepresidente se anticipó al planteo del radicalismo que pidió precisiones sobre la situación de Scioli al juez federal con Competencia Electoral de La Plata, Manuel Humberto Blanco, quien perdió el «manejo» del proceso pero sigue controlando los padrones.
El vice, entre tanto, deja circular las críticas sobre su «ciudadanía bonaerense» mientras junta papeles para enfrentar la pelea que le quiere dar el radicalismo en la provincia de Buenos Aires. De tanto buscar testimonios de su pasión por Buenos Aires, ya ha juntado una libreta de enrolamiento emitida en la provincia de Buenos Aires y con domicilio en Ramos Mejía más allá de 1983, cuando en esa casa paterna hasta se realizaron reuniones de campaña que su padre organizaba para Raúl Alfonsín.
La primera respuesta a la demanda que hace la UCR provincial rebotará porque todavía no hay nadie, ni Scioli, anotado como candidato. Lo que sí va a repetir la Justicia son los requisitos para ser gobernador, que Scioli espera cumplir cuando tenga que enfrentar la segunda ola de impugnaciones, que será cuando lo anoten como candidato.
Para juntar aire bonaerense, se instala en estas horas en la casa de los padres de Karina Rabolini en Pinamar y desde ahí va a orbitar durante todo enero por la costa. En esa ciudad reabren los cállese del peronismo que fue duhaldista, entre quienes busca el vicepresidente la explicación a la inquina pública de Chiche Duhalde, que se hizo lavagnista furiosa con la mudanza pro Kirchner que precipitó en lo que quedaba del duhaldismo con la nominación de Scioli.
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