Julio Cobos comenzó ayer su visita a los Estados Unidos. En este caso no tendrá el despliegue de Cristina de Kirchner en Nueva York, pero sí el sabor del peligro. Es que el vicepresidente llegó a Miami para disertar en la Conferencia de las Américas, organizada por el BID y el diario «Nuevo Herald», justo en medio del juicio que allí se sigue por el escándalo del valijero Guido Antonini Wilson.
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Su presencia en esa ciudad es toda una audacia: amparado en los fueros que le da la prensa y su cargo en el Poder Ejecutivo, el vicepresidente se pasea por 48 horas cerca del fiscal Thomas Mulvihill, el mismo que insistió en sus alegatos con la acusación de que los u$s 800.000 que Antonini intentó ingresar en la Argentina estaban destinados a la campaña presidencial de Cristina de Kirchner.
A la vista de los investigadores estadounidenses su relación con el caso puede ser directa: él integró la fórmula presidencial que supuestamente se benefició con esos fondos para hacer campaña. Difícil explicarle a Mulvihill las alternativas de la política local y la poca, o nula, participación que Cobos pudo haber tenido en el manejo de esa campaña.
Terreno peligroso
Pero lo cierto es que el vicepresidente está pisando en estos momentos terreno peligroso. Más si el FBI y Mulvihill se atienen a algunos de los razonamientos que utilizó la Casa Rosada para castigar a Cobos cuando decidió su voto «no positivo» para desempatar en contra de la Resolución 125.
En ese momento el elenco kirchnerista sostuvo que el vicepresidente es parte integrantedel gobierno y, por lo tanto, no podía votar en contra de una disposición de la Presidente. Un reconocimiento como ése lo ata definitivamente a la suerte de la campaña electoral que terminó con la elección de la fórmula Kirchner-Cobos.
Pero el vicepresidente parece estar muy lejano de esos razonamientos en su viaje a Miami. Podría esgrimir en su defensa hechos mucho más recientes que lo alejan de la Casa Rosada. Como el acto de homenaje a Raúl Alfonsín al que finalmente no fue invitado por la Presidente. En su carta de saludo al ex presidente radical, por no haber concurrido al acto, se excusó formalmente en tener que cumplir sus funciones en el Poder Legislativo. De todas formas, ninguno de esos argumentos locales sería válido si a Mulvihill se le ocurriera querer contar con su testimonio.
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