Jamás llegaron. Néstor Kirchner esperó, quebrado y furioso, la avalancha de votos peronistas del « imbatible» conurbano profundo. Pero jamás llegaron: en el piso 19 del hotel Intercontinental, roto y solo, asimiló sobre la medianoche su peor derrota.
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Francisco de Narváez, el verdugo, fue paciente y certero: a las 21.10, cuando apenas había datos oficiales, el líder de Unión-PRO preconizó la victoria. Olfateó, temprano, lo que los Kirchner en su micromundo de Olivos se negaron a considerar siquiera como alternativa.
Y así se perfilaba: una derrota. Buenos Aires, la provincia que adoptó de urgencia, abortaba anoche cualquier fantasía futura de los K. El patagónico arrastró al peronismo en la pendiente y lo llevaba a su segunda derrota en 10 años. En el revoleo, el látigo castigaba a Daniel Scioli.
Por 2,4 puntos de diferencia -34,6 a 32,2- apenas 120 mil votos, a Kirchner se le escurrió el proyecto continuista. Un resultado inédito para el peronismo: no por la derrota, que mordió en el 97, sino por el caudal. El dato es obvio: votos del PJ fueron a De Narváez.
«Dimos vuelta la página de la historia», festejó, anoche, De Narváez y se esforzó por espantar los fantasmas de una crisis institucional. « Llamamos al diálogo: es el momento de unir y no de dividir», aseguró flanqueado por Mauricio Macri y Felipe Solá.
Envió otra señal. «Vamos a ayudar a la Presidenta --dijopara que gobierne bien hasta el 2011».
Cinceló, en el festivo búnker de Costa Salguero, la dimensión de la victoria proclamada: lanzó, anticipadamente, a Macri para «liderar un espacio político para el proyecto nacional». Traducción: postuló al jefe porteño como candidato presidencial para 2011.
Un gesto: sepultó, siquiera por unas horas, la hipótesis de que una victoria sobre Kirchner podía tentarlo con disputar él mismo la sucesión de Cristina de Kirchner. En ese instante, ratificó su proyecto de pelear en dos años por la gobernación de Buenos Aires.
Macri hizo lo suyo. «Le pido a la señora presidente que escuche el mensaje de los argentinos y convoque, mañana mismo, a la pacificación y la unificación». Unos minutos antes, el jefe de Gobierno porteño había sumado al podio de los ganadores a Gabriela Michetti.
Piso 19
A esa hora, entregado pero endemoniado, Kirchner rastreaba en otros la razón de una derrota que tenía un único padre: él. Condenó a los intendentes del PJ que indujeron, o simplemente no pudieron frenar la andanada de corte de boletas contra del patagónico.
La estructura peronista no pudo atajar el rechazo al ex presidente. Sólo le regaló una victoria en el conurbano sur. Kirchner cayó en el oeste y el norte, y fue vapuleado en el interior bonaerense: una factura tardía pero implacable por la crisis del campo. En el conurbano se destruyó la lógica histórica. El No a Kirchner fue más fuerte que el meneado respaldo a los intendentes -45 de ellos fueron candidatos testimoniales-lo que tiró hacia abajo las listas locales.
A las 23, se encerró en la suite del piso 19 del Intercontinental con su esposa, Cristina, el gobernador Scioli, el vice Alberto Balestrini, Sergio Massa y Carlos Zannini. Entre lamentos y reproches, sorprendió el lloriqueo de la Presidente.
En ese caos de culpas y desprecios, se diseñó -se intentó diseñar-una versión de la derrota. Se evaluó que el ex presidente hable por TV. Scioli, optimista empedernido, propuso un mensaje conciliador. Quince minutos después, el gobernador abandonó el apart.
Plan B
Puertas adentro, un decálogo de maldiciones. El traspié en la natal Santa Cruz, la derrota personal en Buenos Aires y un dato, todavía incierto, que llegaba de Santa Fe: la supervivencia de Carlos Reutemann y su entronización como plan B del peronismo.
¿Giran los ojos del PJ hacia Santa Fe? Parece inevitable. Scioli, sin embargo, esperasalir herido, pero no sepultado de la derrota. El peronismo trataba, anoche, de ordenar las ideas. Un grupo pedirá hoy lo que parece obvio: que Scioli continúe como gobernador.
Detalle: hoy mismo, Scioli hará un llamado a la oposición.
La ola nacional anti-K -perdió en 12 provincias-lo diezma en el Congreso: el 10 de diciembre quedará con menos de 100 diputados. El resto de su mandato, Cristina lo transitará con un Parlamento sino hostil al menos no obediente. Kirchner deberá aprender a negociar.
Se diluye otra especulación. La hipótesis de que luego de la elección el peronismo se unificaría -y ampliaría el espacio K-quedó, como mínimo, en suspenso. Es más: la sangría puede ser inversa.
Anoche, se planeaba el día después. Una opción jamás imaginada cuando Kirchner confió que, tarde o temprano, llegaría una andanada de votos peronistas del conurbano profundo. Pero nunca llegaron.
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