Se congelan fugas en FpV bonaerense
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Osvaldo Mércuri
Passaglia, también de la Segunda, podría arrastrar a un puñado de legisladores. Ha sido, hasta ahora, el más agresivo contra el gobierno de Daniel Scioli: como ex ministro de Salud, se trenzó con el actual, Claudio Zin, y hasta animó un debate legislativo. Pero el protagonista más resonante de la ruptura efímera fue Osvaldo Mércuri, que mandó, el miércoles, a informar que dejaría el bloque del FpV para conformar una bancada unipersonal, movimiento que se alineaba con la fractura felipista y su cercanía con Francisco de Narváez.
Sin embargo, ayer, Mércuri salió a avisar que no deja -al menos por ahora- el bloque del FpV. No sólo eso: aprovechó el aire para deshacerse en elogios hacia las autoridades de la bancada que preside Raúl Pérez, las de la Cámara baja, a cargo del ecuménico Horacio González, y del propio Scioli.
Sin traductor cerca y un cuadro sinóptico a mano es complejo entender cuál es la postura de Mércuri. Dice que no abandona el bloque, pero tiene diferencias con la conducción de Kirchner, pero apoya a Scioli, aunque planea confluir electoralmente con Solá o Francisco de Narváez.
En simultáneo, aplaude la candidatura de Alberto Balestrini como próximo jefe del PJ bonaerense y reivindica su «amistad» y vecindad, catastral -viven cerca, en Lomas de Zamora- con Eduardo Duhalde. Tanto firulete sólo se engloba en un punto: todos son peronistas.
Después de ese juego a cinco bandas, Mércuri terminó ayer por admitir que quizá, «el año que viene», podría decidir eventualmente conformar un bloque propio pero que, «por ahora, no lo ha hecho ni lo hará». Unas horas antes, en Lomas, había dicho otra cosa.
Con el alboroto de Solá, en tanto, Olivos tuvo que dedicarle unas horas a espabilar las voluntades de algunos quejosos -además de a Bozzani, a varios les sonó casualmente el teléfono desde un 011-4344...-, al igual que el sciolismo se dedicó a revisar números y comportamientos.
Ayer, de hecho, el jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, reunió a «los sin techo» de la Tercera y la Cuarta -aquellos dirigentes de distritos que no tienen gobiernos K- para acercar posiciones, alimentar el espacio sciolista y, en simultáneo, contener a posibles fugados.
Así y todo, tanto en La Plata como en Casa Rosada/Olivos, la versión oficial indica que no supone ningún riesgo electoral la deserción felipista y, luego de la sangría propia y el hasta ahora escaso contagio, presumen que en poco tiempo se licuará el efecto de la salida de Solá.
Se apoyan en interpretaciones: su acercamiento con Eduardo Duhalde, que suponen un error táctico, y también la incorporación de Martín Lousteau a su equipo. «Felipe creció con el rechazo a la 125 y ahora se asocia con el ideólogo de la 125. ¿Quién lo entiende?».




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