• Decide si levanta el paro para negociar de nuevo
Del "vamos a ponerlos de rodillas" o al presidencial y superior al propio general "no me voy a refugiar en la cañonera como Perón en el 55", dichos atribuidos a Néstor Kirchner, el epílogo de ayer en un acto peronista fue un llamado a la cordialidad por la propia Cristina de Kirchner. Lo que se presagiaba como un clima de mayor conflicto con el campo en paro terminó en un bálsamo del propio gobierno, a pesar de que desde allí se alentó a la previa caldera del odio. Otra vez el país, innecesariamente, como en los últimos meses, aguardó un discurso como señal clave de la paz o la guerra para los próximos días.
No habló Néstor Kirchner como se había previsto -lógico, la excusa del encuentro era su ascenso a la cúpula del PJ-, le cedió sorpresivamente la palabra a su esposa presidente y ésta, contemporizadora, produjo un mensaje de escaso relieve (sin nombrar a Perón), pero tendiendo un puente hacia los ruralistas de huelga. Desactivó esa alocución la fuerte temperatura vivida hasta ese momento, con declaraciones y actitudes oficialistas de pelea (hasta con agresiones en la Sociedad Rural), les reserva a las cuatro entidades del agro la oportunidad, hoy, de levantar su protesta y volver a negociar con la Casa Rosada. Una transacción interminable, de altísimo costo para el país, gigantesca pérdida de tiempo -teñida con alusiones conspirativas y amenazas disparatadas de las dos partes- que generó una crisis inédita tan sólo por la discusión de un porcentaje. Poco serio.
Néstor y Cristina Kirchner anoche en la cancha de Almagro.
Volaban las piedras cuando el nuevo jefe del PJ presentó a
su esposa como oradora central.
Todos esperaban un discurso áspero de Néstor Kirchner como nuevo titular del PJ, pero fue la única oradora que ensayó en la cancha de Almagro un discurso conciliador. Cristina de Kirchner, sin mencionar al campo, llamó a «todos los argentinos, sin distinción, a debatir y a discutir en un marco democrático», pero ni se inmutó frente a la dantesca batalla campal que protagonizaban, ante sus ojos, camioneros de Hugo Moyano y afiliados de la UOCRA.
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«Convocamos desde este espacio político a todos los argentinos, sin distinción de banderías, sin distinción de pertenencias, a debatir y a discutir en un marco democrático para profundizar la transformación y el crecimiento para que siga dando trabajo a todos los argentinos», fue la exhortación de la Presidente dirigida, tácitamente a las entidades rurales. Todos esperaban las palabras de Néstor Kirchner, pero el jefe del PJ le anunció recién en el estadio de Almagro a sus vicepresidentes partidarios, Jorge Capitanich y Daniel Scioli, que el discurso central estaría a cargo de su esposa.
Con el himno nacional de fondo y un estadio ya semivacío por los incidentes, el acto de asunción de Kirchner al frente del consejo nacional del PJ comenzó a las 17.50, casi con una hora de retraso. Decenas de tucumanos, con gorritos de «Alperovich-Kirchner», apiñados detrás del vip de funcionarios saltaban como podían las vallas para escapar de las pedradas y se mezclaban con los diputados y senadores. «¡Está loca, mirá cómo se matan y sigue hablando como si nada!», gritaban los manifestantes mientras huían de la batahola.
Las inmediaciones del estadio de Almagro, que en un principio estuvo colmado por 12 mil manifestantes, fueron una vez más zona liberada para sindicatos antagónicos que se ubicaron en la tribuna popular sin ninguna custodia policial. La barra moyanista y la de la UOCRA, dos gremios que se juran venganza desde los violentos incidentes en la quinta de San Vicente en el 17 de octubre de 2006, apenas estuvieron separados por un cordón de peones de taxi liderados por Omar Viviani, segundo de Moyano en la CGT.
Responsabilidad
«Quiero también comprometer todo mi esfuerzo, todo mi trabajo y toda mi capacidad para que todos y cada uno de ustedes tengan la certeza de que quien preside los destinos de la República, va a ejercer con responsabilidad, sin rencores, sin antagonismos y sin falsas o artificiales divisiones en el pueblo», continuaba cristina con su discurso mientras los reflectores de la cancha iluminaban los cascotes y palos que atravesaban el cielo de la localidad de Tres de Febrero.
Las corridas continuaban dentro y fuera del estadio cuando las consignas y bombos peronistas intentaban, junto a las enérgicas palabras de la Presidente, camuflar el sonido de las sirenas de patrulleros de la Policía bonaerense y de las ambulancias que atendían a los heridos. Un desfile de al menos catorce camillas, que fueron retiradas con heridos, acompañó todo el discurso de Cristina de Kirchner: «Quiero decirle a mi compañero de todas las luchas, a mi compañero de toda la vida que siempre le ha tocado asumir en fechas emblemáticas y que siempre le ha tocado encarar las tareas de transformación, tal vez, más importantes y creo que el gran desafío para todos nosotros, para todos los hombres y mujeres que conformar hoy el consejo nacional de nuestro partido, será la de convocar a la concertación plural para que miles y miles de argentinos que, tal vez, no integran nuestras filas sepan, que somos nosotros, junto al resto de los argentinos, los que vamos a trabajar con esfuerzo, con compromiso y solidaridad».
Vaguedad
El tibio llamado de la Presidente no fue aceptado por ninguna de las entidades rurales. La vaguedad y la imprecisión de la convocatoria al diálogo estuvo también devaluada por los discursos previos de los demás oradores. El legislador y nieto recuperado, Juan Cabandié, omitió el conflicto con el campo y destacó la política de derechos humanos del gobierno nacional. Pero Hugo Moyano simuló una postura conciliadora y realizó un llamado al diálogo «a esos sectores que creen que con presiones vamos a solucionar los problemas. Veía con sorpresa como sectores de la oposición recibían a un sector de la sociedad -el campo- que está protestando. Me hubiese gustado que nos hayan recibido a los trabajadores cuando aprobaban en el Senado la vergonzosa ley Banelco. Me sorprende cuando le piden humildad a la presidente. Después van a las rutas y las cortan impunemente tomando de rehenes a los pobres camioneros», disparó Moyano dejando en evidencia sus limitadas dotes para la diplomacia. «Nos amenazan, dejan a la sociedad sin alimentos y producen más inflación que perjudica a los hogares más necesitados. Esos son los que piden humildad. Si el movimiento obrero quisiera llevar un millón de trabajadores a las rutas podría hacerlo, pero eso no sirve de nada. La única solución es sentarnos en la mesa del diálogo», concluyó el camionero.
El chaqueño Capitanich, sorprendentemente enfurecido, también arremetió contra la dupla campo-oposición. «Ayer -por el martes- en el Congreso vimos la misma alianza que fundió el país en 2001, los que se fueron en helicóptero y dejaron los muertos en Plaza de Mayo. Jamás en la historia hubo un gobierno que apoye tanto al productor agropecuario como éste», arengó el gobernador y vice del PJ.
El gabinete estuvo presente en pleno con Alberto Fernández, el ministro que subió en Olivos al helicóptero junto al matrimonio presidencial; los ministros del Interior, Florencio Randazzo; de Justicia, Aníbal Fernández; de Planificación Federal, Julio De Vido; de Trabajo, Carlos Tomada; el canciller Jorge Taiana; el secretario general de la Presidencia, Carlos Parrilli; el de Legal y Técnica, Carlos Zanini y el de Comercio Interior, Guillermo Moreno.
La rama sindical estuvo representada por Moyano, titular de la CGT, los dirigentes del sindicato de la Unión Obrera Metalúrgica, Antonio Caló; de la Construcción, Gerardo Martínez; de estatales, Andrés Rodríguez; de Obras Sanitarias, José Luis Lingieri; de trabajadores de la Justicia, Julio Piumato; de taxistas, Omar Viviani y del Sindicato de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (SUTERH), Víctor Santa María.
Además estuvieron presentes varios gobernadores como el de Buenos Aires, Daniel Scioli; San Juan, José Luis Gioja; de Chubut, Mario Das Neves; de Tucumán, José Alperovich; del Chaco, Capitanich; de Entre Ríos, Sergio Urribarri; de Salta, Juan Manuel Urtubey (vino ayer de los EE.UU. y regresó anoche a ese país, en un alarde de militancia y de recursos) y de Formosa, Gildo Insfrán.
Los intendentes que se hicieron presentes fueron el de Tres de Febrero, Hugo Curto; el de Avellaneda, Baldomero Alvarez; el de Ituzaingó, Alberto Descalzo; el de Florencio Varela, Julio Pereyra y el de Tigre, Sergio Massa. La lista de legisladores fue encabezada por José Pampuro y Rubén Marin; los diputados Patricia Vaca Narvaja, Eduardo Fellner, Agustín Rossi, Héctor Recalde, Felipe Solá, Carlos Kunkel, José María Díaz Bancalari, Jorge Landau, Juan Carlos Dante Gullo, Jorge Obeid y Graciela Giannettasio, entre otros.
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