La endiablada negociación que llevaron adelante hasta el mediodía de ayer las dos facciones del sindicalismo ortodoxo (negociadores o "gordos" contra disidentes de Hugo Moyano) fue saldada con un artilugio. El agresivo camionero Moyano quedó al frente de la CGT unificada. Pero acotado por dos escoltas impuestos por los dialoguistas: Susana Rueda (Sanidad) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) completan el triunvirato. Sin embargo, Moyano sacó ventaja a último momento gracias a la superioridad numérica que hubiera tenido en un congreso: sus adláteres obtuvieron mandato por un año, pero él quedará al frente, solo, por tres años más. Con el protagonismo de Moyano, los sindicalistas sueñan recuperar espacio frente a los piqueteros, a quienes recelan por la capacidad para movilizarse en la calle y para obtener recursos presupuestarios. Claro, esa competencia puede ser riesgosa para el gobierno, contra quien todos irán con demandas. A pesar de que Moyano haya sido hasta hoy el gremialista a quien Néstor Kirchner más cultivó desde que llegó al poder, podría jugarle en contra. Los piqueteros acusaron a los sindicalistas de "estar rosqueando".
Aceptada esa condición, todos fueron hacia Obras Sanitarias: el nuevo estilo se notaba de lejos. A cinco cuadras del estadio ya estaba todo copado por camioneros, más algún taxista aquí o allá, de los de
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