El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En consecuencia, el único problema que puede desvelar las noches de Néstor Kirchner es el de la inseguridad. Por eso las declaraciones de Eduardo Duhalde diciendo, casi citando a Carlos Menem, que las Fuerzas Armadas deberían intervenir en la lucha contra el delito, enfadaron tanto al Presidente. El caudillo de Lomas de Zamora dijo lo que el sistema oficial no tolera, en una materia frente a la cual la Casa Rosada resulta hipersensible: «Yo esto lo haría distinto». En un momento en que el oficialismo no encuentra la salida del laberinto frente a la sucesión de secuestros sin solución, cualquier sugerencia alternativa es interpretada por los funcionarios de manera agresiva. Sobre todo si, como la de Duhalde, tiende a excitar a la opinión pública de centro o de derecha, menos escrupulosa ante la posibilidad de que los soldados intervengan fronteras adentro.
La irritación que esa manifestación provocó en Kirchner obligó a José Pampuro a comunicarse con su antiguo jefe bonaerense, a pedido del mandatario. Duhalde dio explicaciones de ocasión. Comentó, por ejemplo, que la idea de hacer intervenir a los militares en cuestiones de seguridad interna deriva de sus conversaciones de funcionario internacional: «Hablé del tema en Colombia y también con Lula». Pampuro contestó lo que expuso ya muchas veces cuando se le sugiere esa receta: «Los brasileños no tienen las fuerzas de seguridad que tenemos nosotros. Y cuando se habla con ellos de este tema confiesan que están planificando la creación de una gendarmería y una prefectura, además de una policía federal». Duhalde escuchó como un señor de su casa, manifestando el interés de un aprendiz.
Claro, las discusiones del ministro de Defensa con el ex Presidente son rasgos secundarios de un problema mayor: Duhalde adoptó una tesis en la que repica, de un modo u otro, la postura de León Arslanian. Aunque imaginen terapias distintas frente al mal que diagnostican, ambos coinciden en que el problema principal para combatir el delito y evitar los secuestros es la Policía.
Que el ex presidente y el ministro de Seguridad de Felipe Solá coincidan no debe llamar la atención. Los dos están unidos por complicidades lejanas y grises, como sabe cualquier persona medianamente informada sobre los entretelones del «caso Cabezas» (si el ministro descubrió, como dijo, que hay «otro Blumberg», allí podría emerger «otro Arslanian»). Lo que enfadó a Kirchner y su equipo es la reiterada conducta de Duhalde de señalar remedios para males que él como nadie contribuyó a expandir. El admirador de la «mejor policía del mundo» viene ahora a recomendar su sustitución por otras fuerzas, igual que aconsejaba reprimir a los piqueteros a los que él había engordado con planes Jefas y Jefes de Hogar.
Dejá tu comentario