Rafael Bielsa encontró tema para sus vacaciones: se instalará todo enero en Nueva York para encabezar la delegación argentina ante la ONU, organismo donde el país tiene una silla temporaria en el Consejo de Seguridad. El propósito es buscar votos para enfrentar el proyecto de Brasil de apropiarse -en una futura reforma de la ONU- de una silla permanente en representación de Sudamérica en ese Consejo de Seguridad. Lleva de segundo a un experto en relaciones de ese tipo, el ex vicecanciller de Guido Di Tella, Fernando Petrella.
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Sin embargo, la reunión fue propicia para que Rafael Bielsa, delegado argentino en esa -dijo él-«cumbre ociosa», tejiera sus primeras alianzas para bloquear las pretensiones brasileñas sobre el Consejo de Seguridad de la ONU. También sirvió para que esa maniobra trascienda hacia la prensa: la diplomacia sudamericana es bastante indiscreta.
En efecto, en las alturas del Cuzco, se escuchó que el canciller prepara su instalación en Nueva York para enero próximo. Estará todo el mes, a propósito de que la Argentina-integrará el Consejo de Seguridad que se estudia reformar. El cambio se aceleró desde que, el miércoles de la semana pasada, el comité de sabios convocado por el secretario general Kofi Annan emitió su dictamen. Allí se proponen dos alternativas. Una consiste en incorporar seis nuevos miembros permanentes sin poder de veto. Serían Japón y la India por Asia, Alemania por Europa, Egipto y Sudáfrica por Africa y Brasil por América latina. La otra opción es crear nuevas bancas pero de carácter rotativo, con mandatos de cuatro años con extensión a otros cuatro. Es el formato que alienta la Argentina, asociada a Italia, Pakistán y China.
También ese país pretende que no haya un representante fijo de los países latinoamericanos en el Consejo. Como la Argentina, defiende la existencia de una banca rotativa.
Bielsa y Kasuri se repartieron, papel y lápiz en mano, los países a los que habría que «operar» para «cortarle las piernas» a Brasil.
Apasionado con la tarea, el canciller se instalará en Nueva York con un experto para la faena. Su principal adscripto será Fernando Petrella. Este embajador representa a la corriente antibrasileña del Palacio San Martín, que es mayoritaria. Como Bielsa, también Guido Di Tella descubrió las virtudes profesionales de Petrella, a quien designó vicecanciller y envió más tarde como representante en Naciones Unidas. Allí este profesional terminó de aprender las artes que pondrá ahora al servicio del ministro de Kirchner. Sería bastante obvio señalar que la Cancillería actual termina encargando sus principales operaciones a funcionarios de Carlos Menem (ya lo hizo con Martín Redrado en Comercio Exterior). En realidad, Bielsa terminó por dejarse seducir por los personajes, el ritual y hasta el lenguaje de «la Casa». La incorporación de Petrella a su viaje es una evidencia de esta propensión ante la que ya se había rendido Eduardo «Bolita» Valdés, su jefe de Gabinete (se rindió ante los conocimientos de Petrella más temprano que el canciller y designó al diplomático su principal asesor).
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