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Los argentinos están agobiados. Es durísima la lucha por ganarse la vida y, en este momento, también por protegerla. Se tiene la impresión de estar gobernados por quienes tuvieron fondos públicos y «aparatos» para imponerse, pero no representan mayoritariamente el sentir social. Casi ni lo entienden. De hecho, si la izquierda y los montoneros gobiernan el país cuando tradicionalmente nunca fueron más de 12% en todos los comicios, es obvio que no pueden interpretar a la mayoría de la sociedad. Eduardo Duhalde perdió vía su esposa en 1997 la elección ante una figura modesta como Graciela Fernández Meijide. En 1999 -gastando fondos bonaerenses hasta dejar la provincia en bancarrota-, perdió ante otra figura más modesta, Fernando de la Rúa. En 2001, como candidato a senador único del PJ, ganó, pero sólo tuvo el voto de un bonaerense cada 5. Provocó un golpe civil anticonstitucional y llegó al poder en ese mismo año. Trabó elecciones internas, digitó presidentes. No es querido.
La sociedad no se siente representada por Duhalde y, sin embargo, viajando por todo el mundo con cargos inventados en el Mercosur a su medida, sigue disponiendo sobre vida y muerte de los argentinos. Propone para quitar los miedos en seguridad a un ex magistrado, León Arslanian, al que la gente no quiere. Lo acompaña un Néstor Kirchner que si no se hubiera asentado en una provincia rica y recibido beneficios monetarios únicos no habría gravitado en el orden nacional. Aun así, llega a la presidencia con una mínima representación y afirma que interpreta a una sociedad cuando ésta quiere protección a la vida y no rememoración permanente de los muertos como le propone. Para colmo, demuestra una evocación constante de muertos de un solo lado.
Un hombre simplemente moderado azotado por el mayor de los dolores, la pérdida de un hijo, único hijo, puso a la sociedad argentina en estos días frente a la espontaneidad de su real sentir mayoritario que no le reflejan ni los políticos ni las afirmaciones del gobierno y, menos, sus discursos. Es lo más importante que logró Juan Carlos Blumberg. Más que cierta mayor severidad en las leyes, algo necesario, pero relativo en este contexto nacional.
En página central informamos de hechos -algunos, muy deformados-y analizamos este fenómeno del momento social angustiante.
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