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La naturaleza de la misión forzó a que este funcionario bonaerense -reclutado por Solá para contrarrestar los fluidos «casellistas» (por Esteban Caselli) que dice dejó Carlos Ruckauf en la gobernación- se quedase en la Argentina. Con llegada al corazón del Papado por atajos que sólo él y Caselli, claro, conocen, logró que el nombre de Solá quedase anotado como la primera entrevista que dará el Santo Padre a un argentino y, quizás a un político de América latina.
Los que conocen las entretelas de esta gestión le atribuyen a este Di Fazio encantos en esas alturas vaticanas tan poderosos que estuvo entre los elegidos para leer la homilía de la misa funeral por Juan Pablo II que rezó el entonces cardenal Joseph Ratzinger. Lo dieron de baja porque su nombre no figura en el elenco de los argentinos más conocidos y hubiera sido un desaire para la Cancillería y aun para los responsables del área de Culto que dependen de Rafael Bielsa.
Los anfitriones han anunciado que para la misma fecha el Santo Padre recibirá a un adversario notable del gobernador, el diputado duhaldista Alfredo Atanasof.
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