Suspendió Menem acto político ante amenaza creciente de violencia
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•Fatalidad
• Como prevista por una mano calculadora e invisible actuó la violencia en 1985, con amenazas a colegios que respondió el gobierno de Raúl Alfonsín con una polémica declaración de estado de sitio y la detención de un grupo de políticos y hasta periodistas. Nunca se comprobó complot alguno y esas detenciones le costaron al Estado pagar indemnizaciones a cargo de los contribuyentes que terminaron financiando ese recurso de campaña.
• Las legislativas y de gobernadores que ganó el peronismo en 1987 tuvieron también una antesala de violencia, los alzamientos carapintada que terminaron por sepultar las aspiraciones del radicalismo por controlar a los sectores medios.
• Las generales de 1989 fueron las elecciones que identifica el público con la violencia de los saqueos de supermercados en el marco de la amenaza de hiperinflación que sacó a Alfonsín del gobierno antes de tiempo. Es la foto más reciente de la identificación de violencia y política con una imbricación tan fuerte que hasta hoy se discute quién fue el instigador de aquellos hechos.
• Las elecciones de 1991 parecen en el pasado inmediato las más pacíficas, el país digería la novedad de la convertibilidad y ese año Menem logró pasar con éxito el primer test electoral. En 1993 volvió la violencia de campaña con el caos de los «batatas» del conurbano que se enfrentaron con radicales en las tribunas de la Rural. Era el preámbulo de la puja Pierri-Storani, los dos al frente de las listas UCR y PJ.
• En 1995, reelección de Menem, el electorado ya percibía los efectos de la estabilidad que había traído la convertibilidad y aún no estaba en el horizonte la amenaza de un hecho que ya se había gatillado en diciembre de 1994, la crisis del tequila. La gente, sin violencia, llega al voto debatiendo el pacto de Olivos, la muerte de Carlos Menem (h) y la propia reelección de Menem.
• En 1997 el hecho violento preelectoral fue el terrible asesinato del periodista José Luis Cabezas, un suceso que se enancó, con razón o sin ella, en la puja Menem-Duhalde. Como si fuera el dibujo de un sube y baja en 1999 el triunfo de la Alianza ocurrió con algo más de paz.
• Las parlamentarias de 2001 lo fueron en música de cortes de ruta y piqueterismo cada vez más salvaje y en medio de un creciente desmanejo de la situación por Fernando de la Rúa que terminó en las jornadas de mayor violencia que se recuerde en la Capital Federal entre el 19 y 20 de diciembre, día de la renuncia del ex presidente.
• Esta vez, el adelanto electoral se hace en una prolongación de ese clima que permea de más violencia a la política. La manipulación de los mensajes tiñe las explicaciones, al punto de que un Carlos Menem nunca sufre actos de violencia sino «escraches», según la jerga de algunos medios. Cuando sus adversarios reciben agresiones aparecen como víctimas de «campañas negras».




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