La tentación del líder populista son las plazas llenas; pero cuando no tiene carisma debe recurrir a expedientes de convocatoria, como echar mano de las alforjas de dineros públicos para conseguir adhesiones. El sino de Néstor Kirchner ha sido la imposibilidad de que sus entornistas le aseguren una Plaza de Mayo llena. La quería para el 25 de Mayo, cuando cumple tres años en la Casa de Gobierno, pero la experiencia del 1 de marzo, cuando le prometieron una multitud al inaugurar el nuevo Congreso, lo hizo cambiar de idea. Desconvocó la concentración en Buenos Aires y la trasladó a Misiones, adonde irá con artistas y funcionarios. La otra plaza, la del 24 de marzo, está convocada por las organizaciones que recordarán los 30 años del golpe de 1976. Esperará tras los visillos si hay cantidad de gente y ánimo para salir al balcón, saludar y, si da, hasta para hablar.
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