Teorema bonaerense: para ganar hay que ser foráneo

Política

El último candidato puro con ADN bonaerense fue Eduardo Duhalde. Ganador en el duelo con Raúl Alfonsín por una banca de senador en 2001, el ex presidente y ex gobernador es una «rara avis» en el menú de triunfadores de la última década en la provincia.

Todos los demás, con un paréntesis particular sobre Felipe Solá, fueron extranjeros mudados de otros distritos, alguno llegado de la lejanísima Santa Cruz. El rito lo inició Graciela Fernández Meijide en el 97 y lo coronó, el año pasado, Daniel Scioli.

En medio, Carlos Federico Ruckauf festejó en la elección de gobernador del 99 y Cristina de Kirchner se impuso sobre Chiche Duhalde en la disputa para el Senado en 2005. ¿Extenderá Néstor Kirchner, con una eventual candidatura, ese estigma bonaerense?

Algo, sin duda, funciona mal: el principal distrito electoral, el que tiene poder de fuego suficiente para volcar una elección nacional -lo sabe Kirchner, que entró al ballottage en 2003 gracias a los votos del conurbano- hace una década que no produce candidatos taquilleros.

La estadística lo refleja: en las últimas seis elecciones, entre 1997 y 2007, cuatro de los postulantes top que resultaron ganadores no acumulaban millaje político en Buenos Aires. Tenían, es cierto, los papeles en regla, pero entraron por la ventana.

  • Teorema

    Esos indicadores permiten bosquejar un teorema: para ganar elecciones en la provincia la condición es no ser bonaerense. Sobre todo en el PJ, abundan caciques poderosos que son electos -y reelectos- en sus distritos pero no logran despegar.

    Es un estigma: la estructura que garantiza elecciones debe recurrir, sistemáticamente, a postulantes «extranjeros». Pero, además, los electores bonaerenses no parecen tener desvelos a la hora de votar a candidatos extraterritoriales. ¿No es eso federalismo?

    La excepción, como se dijo antes, fue Duhalde en 2001. Bonaerense puro y duro, formado en Lomas de Zamora -donde fue concejal e intendente-, el ex presidente interino fue también un activo buscador de personajes fuera de las fronteras de la provincia.

    De hecho, el lomense fue quien le sugirió a Ruckauf que cambie el domicilio en su DNI y lo pase de Capital Federal a una quinta que el entonces vice de Carlos Menem tenía en un country de Ezeiza. Igual, aun siendo gobernador, Ruckauf siguió viviendo en la Capital, en una torre de Palermo que sus amigos llamaron «Ciudad Gótica».

    Aquella elección fue paradigmática: el combate por la gobernación bonaerense se produjo entre dos dirigentes que habían hecho su carrera política fuera de la provincia. Ruckauf y Fernández Meijide, que había, incluso, sido candidata electa porteña.

    La frepasista, una pieza que movió Chacho Alvarez, facilitó la conformación de la Alianza y derivó en una derrota fatal sobre los Duhalde -la candidata fue Chiche-, había tenido la precaución de mudar su domicilio legal a Avellaneda: un local donde funcionaba una fundación política.

    Cristina de Kirchner no se tomó la molestia de hacer el trámite: compitió en Buenos Aires, amparada por haber nacido en Tolosa, sin dejar de figurar en los registros y los padrones de Santa Cruz, provincia por la que fue diputada y senadora nacional.

    Es más: en 2005, mientras se postulaba por Buenos Aires, votó en Río Gallegos.

  • Domicilios

    Daniel Scioli sí tomó esa prevención: cuando a fines de 2006 comenzó a sonar su nombre como postulante a gobernador bonaerense, mudó domicilio y muebles de la zona de Abasto a Tigre. De todos modos, Scioli tenía como proyecto gobernar la Capital.

    El caso de Solá es particular. Vivía en Retiro, aun siendo vicegobernador de Ruckauf, y en ese tránsito declaró como domicilio un campo en la zona de Alberti que pertenecía a su amigo Raúl Rivara. Es justo aclarar que cuando fue vice, en 1999, hacía tiempo que Solá hacía política en la provincia.

    La historia remite a los 80, cuando Solá compartía militancia con Chacho Alvarez en Capital -tiempos de la revista «Unidos»- y ambos apostaban a la renovación de Antonio Cafiero. A Chacho lo quisieron como funcionario en la provincia, pero éste dijo que su territorio era la Capital.

    Solá, en cambio, se convirtió en ministro de Asuntos Agrarios.Y luego, en el 91, encabezó la lista de diputados nacionales del PJ, en la misma elección en que comenzó el reinado de Duhalde como caudillo todopoderoso del peronismo de Buenos Aires.

    Con el tiempo, Chacho revisóaquella decisión. En 2000, cuando la Alianza se imaginaba eterna, el líder del Frepaso se anotó como bonaerense con la especulación, nunca declarada -y claro, nunca ejecutada-, de ser candidato a gobernador en 2003. Un tiempo después, renunció como vice.

    Hay otros casos, menores, que abonan la teoría. Alberto Piotti fue diputado por el PJ bonaerense en el 91 y, como Solá, fue cuestionado por tener domicilio porteño. Un caso extremo fue el de Carlos Soria, que había sido diputado por Río Negro y en el 99 fue electo por Buenos Aires.

    Todo se explica: Soria no tenía lugar en las listas rionegrinas y Duhalde lo premió con una banca por Buenos Aires por haber aceptado asumir, a fines del 99, luego de la masacre de Ramallo, como ministro de Seguridad bonaerense en reemplazo del fugaz Osvaldo Lorenzo.

    Ahora, Soria es intendente de General Roca, luego de haber competido sin éxito por la gobernación de Río Negro.

    Esa práctica, que padeció en el 97 con Meijide, le agradó al ex gobernador porque unos años atrás llegó a proponerle a Mario das Neves, ahora mandatario de Chubut, que reviva su infancia en Avellaneda y se convierta en postulante bonaerense. Das Neves esquivó el convite.

    P.I.
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